sábado, 7 de septiembre de 2013

Del amor a la indiferencia







Siempre nos han dicho que lo contrario al amor es el odio, y no es así, la no emoción, es la indiferencia, sin duda para cualquier ser humano ser ignorado es lo peor, es despojarle de su identidad, de su individualidad, de su dignidad, sobretodo cuando está viviendo situaciones inhumanas. ¿alguna vez nos hemos preguntado el significado de esta palabra? Inhumano; falto de humanidad, cruel, pues ese es el trato que a diario reciben muchas personas, tan dignas y valiosas como cualquiera. La falta de amor, de valores nos llevan a injusticias aberrantes, a vapulear derechos humanos a diario. ¿Cúal es la naturaleza del ser humano? Si por una parte somos humanos y por otra parte nos comportamos inhumanamente? Quizás seamos una mezcla de humanidad deshumanizada, quizás el corazón se ha enmohecido, se ha vuelto metálico, y por eso volvemos la cabeza hacia otro lado. Lo que te pasa a tí, me pasa a mí, porque tú eres parte de mi ¿que sería del mundo si este fuese su lema? Afortunadamente y por darle un vuelco en positivo a esta reflexión, muchas personas han dado su vida entera por los demás, ¿qué mayor acto de amor que entregarse por completo al otro? Despojarse del egoismo y darnos cuenta de la satisfacción que da ayudar al otro, hoy, muchísimas personas ejercen una labor social voluntariamente y desinteresadamente y quiero decirles GRACIAS, gracias porque demostraís, día a día que no todo está perdido, y que sí, se puede.

Dicen que poco a poco la constancia
De la gota abre la piedra
Por ello creo en la solidaridad
Y creo que ella es la ternura
De las almas que acompañan
A las almas más débiles a conseguir sus sueños,
La solidaridad no es solo dar,
Es mucho más que eso
No es un dar, ni un acompañar sin hacer,
La solidaridad es traspasar el límite de haber conseguido
Nuestros sueños
Es entregar el alma,
La mente y juntar las manos en pleno vuelo,
Es entregarse a los demás,
Sin esperar nada a cambio
Sino tan solo el ver construidos los sueños de los otros
La solidaridad, es consecuencia hecha acción,
Para el bien, pues solo eso va con  la dignidad del ser humano
La solidaridad es amar al otro
Por que quien sabe amarse a si mismo
Sabe amar a los demás
Eso simplemente… eso es la solidaridad.


viernes, 6 de septiembre de 2013

¿Para que sirven las ideas si en lugar de unir, separan?

 Jose Angel Buesa

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

Quizás te diga un día que se me fue el amor,
y cerraré los ojos para amarte mejor,
porque el amor nos ciega, pero, vivos o muertos,
nuestros ojos cerrados ven más que estando abiertos.

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que nos quedamos juntos para toda la vida.

Una idea que no nos sirve para vivir en armonía, coexistir pacificamente, reconocer la valía de cada ser humano, no es una idea válida, nos agarramos a ideales para dar sentido a la vida, ¿que mayor sentido tiene la vida que el amor? El amor nunca separa, une, el amor no diferencia entre idiologías opuestas, pues ve el ser de la persona, no la diferencia, estos tiempos compulsos necesitan más allá de ideologías, centrarse en el bien común, en el mayor bienestar de cada ser humano. Desvincularse de colores, banderas, himnos, que nos han llevado a la destrucción de otros seres humanos, a vivir en miedo, a humillar, a desamparar, a oprimir a otros seres. No espereís que muera por una idea, a no ser que sea una idea de amor, de unidad y de igualdad. Los valores universales, los derechos humanos, esos son los que unen, y ¿porque no? el arte, la música es el lenguaje universal, capaz de tocar el alma de cualquier ser humano, el humor, el teatro, la risa, no me pidaís que vaya a una guerra sino es una guerra de abrazos, besos, mordiscos y cosquillas. Lo siento, no me apego a ninguna ideologia que me separe del otro, ni colores ni banderas.

No tengo tiempo

Vivimos en una sociedad, en la que el ruido y la prisa se adueñan del día a día, nos pasamos el día corriendo y nunca llegamos, quizás de vez en cuando estaría bien preguntarse ¿dónde voy? Vivimos como el conejito del cuento Alicia en el país de las maravillas, corriendo contra el reloj, no nos alcanza para caminar tranquilos, hasta cuando nos levantamos más pronto para tener más tiempo, el tiempo no alcanza. Perdemos relaciones porque entre nuestra multiples actividades no tenemos tiempo para atenderlas o viceversa, quedar con un amigo a veces es mas dificil que que el Papa nos conceda audiencia, no hay tiempo para la familia, los padres no tienen tiempo para los niños, y los niños lo saben, no hay tiempo para jugar, abrazar, tocar, conversar, sentir en definitiva, no hay tiempo para vivir, porque la vida es eso, tiempo, y muchas veces dejando de hacer, hacemos más que haciendo. No tengo tiempo

Por eso es muy importante valorar el tiempo que nos ofrecen los demás y no perderlo con quién no tiene tiempo para nosotros.
“¿No tengo tiempo? ¿O más bien tengo el mismo tiempo que todo el mundo -24 horas- pero prefiero dedicarlo a otras cosas?”
Nadie tiene tiempo para salir a caminar o cocinar su propia comida, pero todo el mundo tiene tiempo para estar sentado en un atasco o ver la televisión. En realidad no son más que elecciones. Como dice mi amiga Ana de Fácil de digerir, no son las circunstancias las que determinan tu calidad de vida, sino tus decisiones.
Para dejarlo más claro hoy comparto contigo un artículo que escribí hace un tiempo para una vida sencilla. El título del post era “¿No tengo tiempo? ¿O falta de amor?”, donde reflexiono acerca de la relación entre nuestra dedicación de tiempo y nuestra autoestima, especialmente. Para adaptar mejor el texto a lo que nos incumbe en este blog, sugiero sustituir en cada una de sus apariciones la palabra felicidad por salud.

¿No tengo tiempo? ¿O falta de amor?

“No tengo tiempo” debe ser la excusa más utilizada de las últimas décadas. O lo que es lo mismo, la mayor mentira. En un mundo en el que aparentemente todo pasa cada vez más deprisa -digo aparentemente porque los minutos siguen durando lo mismo-, nadie parece tener tiempo para lo que es importante, para las pequeñas cosas que nos dan lo que todo el mundo busca y poca gente parece encontrar. Cómo no, hablo de la felicidad. O sea que, en este momento de crisis social -además de económica-, lo peor que nos está pasando es que no somos felices. Bueno, eso no es lo peor. Lo más negativo de todo es que estamos convencidos de que no tenemos tiempo para ser felices.

Antes de empezar a descubrir el minimalismo y leer sobre productividad personal, gestión del tiempo, etc… es decir, antes de darle una oportunidad al sentido común, yo era uno de esos de los que no tenía tiempo. Poco a poco me fui dando cuenta de que no tenía tiempo para todas aquellas cosas que en realidad hoy me hacen sentir vivo, feliz, mientras que dedicaba demasiadas horas a otras que lo único que me aportaban verdaderamente eran dolores de cabeza, insomnio, malas digestiones, nervios, frustración, tristeza, etc.
Al mismo tiempo también me he adentrado en el mundo de la neurociencia y la psicología, dos disciplinas que desde hace muy poco han cambiado de rumbo drásticamente hacia el estudio positivo de las conductas. ¿Qué quiere decir esto? Durante muchísimos años los científicos se habían obsesionado con el estudio de las patologías, de los transtornos, de las anomalías, centrándose en aquellas personas que no eran felices, que no encontraban su razón de ser. Hoy día empiezan a darle más prioridad al análisis de las personas optimistas, positivas, felices. ¿Cómo lo hacen para estar siempre contentos? ¿Cómo consiguen que todo les salga bien?
En este viaje de lectura, escritura, charlas, toma de conciencia,… esto es, comunicación, creo haber encontrado la clave de la felicidad. El secreto de la felicidad es el amor. Hoy no quiero profundizar en ello, pero necesitaba decirlo para poder comprender mi conclusión. Tampoco entraré en el porqué de nuestras excusas. Pero lo cierto es que cuando nos estamos justificando al decir “No tengo tiempo”, en realidad omitimos una parte de la frase, ya que en realidad estamos diciendo “No tengo tiempo para amar”.
Llegado este punto, es fundamental comprender que amar es un ejercicio de autoestima y de estima, con un componente potentísimo de reciprocidad. Es decir, amar comporta quererse a uno mismo y querer a los demás. Y además es recíproco, por lo que cuanto más te quieras y más amor muestres por los demás, más te querrán y más te sentirás amado -ya sabemos que la felicidad es contagiosa-.
¿Cómo quererme a mí mismo? Dos acciones: cuidándome y disfrutando. Hacer ejercicio, comer sano, dormir lo adecuado, leer, bailar, cantar, aprender, etc. La autoestima, en parte, se basa en la dedicación de tiempo para uno mismo. Es primordial cuidar mi salud física, emocional y mental, por lo que los pilares de mi amor propio son la actividad física, la alimentación, el descanso, la expresión de emociones y el conocimiento. No me queda otra que ingeniarmelas para sacar tiempo de donde sea y empezar a quererme más.
¿Cómo querer a los demás? Dos acciones, otra vez: cuidándoles y haciéndoles disfrutar. Escuchar a tu pareja, ayudar a tus padres, jugar con tus hijos, quedar con los amigos, etc. Soy un ser que forma parte de algo más grande, de una sociedad. Comunicarse libremente y emocionalmente, compartir y hacer cosas por los demás de manera altruista también forman parte del amor, y nuevamente necesitan de dedicación de tiempo.
Bueno bueno, parece que esto de amar requiere de mucho tiempo. ¿Y qué? En realidad vivir no es más que amar, el resto son banalidades que nos hemos inventado. ¿De verdad prefiero hacer otras cosas? ¿Realmente hay algo más importante?
Yo ya pasé por eso y no volveré a pasar. Le dedicaba más tiempo a los goles de Cristiano Ronaldo que a lo que quería decirme mi mujer durante la cena. Más tiempo a comprar y tener el armario lleno de ropa que no me ponía que a donarla a gente que sí la utilizaría. Más tiempo a espachurrarme en el sofá y hartarme a galletas que a cuidar mi salud. Más tiempo a navegar sin rumbo por Internet que a concentrarme en una buena lectura. Más tiempo a prestarle atención a lo que tenía que a lo que necesitaba. Más tiempo para lo que pensaba que para lo que sentía.
Todo aquello ha dejado de ser importante, por lo que ya no le dedico ni un segundo. Todo mi tiempo es para actividades que me hacen feliz, para quererme y mostrar amor a los demás -incluso mi trabajo lo es-. Lo sé, parece difícil, pero no lo es. Algunos pasos para conseguirlo son identificar qué es lo que queremos, concentrarse en ello, eliminar lo superfluo, innecesario e intrascendente, saber decir que no,…
¿Y tú? ¿Tienes tiempo para amar?

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Quién no entiende una mirada tampoco entenderá una larga explicación

 Quién no entiende una mirada, no entenderá una larga explicación. No sé si realmente los ojos son el espejo del alma, sé que hay miradas en las que me pierdo por su profundidad y porque me presentan un desafío que mi curiosa mente empieza a pensar ¿que significa?, miradas dulces como los pasteles en las que floto como si nadará en el agua transparente de los ojos, miradas que son chispas de alegría y felicidad, miradas que lo dicen todo, sin decir nada, las miradas cómplices del amig@, del familiar muy cercano, donde la entropia ya es tal que no hay necesidad de palabras, miradas huidizas, que no se detienen, que esconden mucho, y tienen miedo a ser descubiertas, miradas sucias que hieren como hiere la maldad cuando uno la enfrenta cara a cara, y miradas que encienden un volcán, al desnudar y necesitar ser desnudado a la vez, asomarse a los ojos de alguién es entrar en contacto con un ser humano distinto, es muy difícil que unos ojos nos mientan, si nos miran de frente, y hay miradas tan intensas que penetran y se clavan, sino puedes aguantar una mirada de un minuto con tu pareja, amiga, etc, preguntate el porqué, quizas no tengaís tanta confianza como supones...La más hermosa es esa que viene directamente del alma, limpia, transparente, serena, como la de un niño o la de esos seres extraordinariamente transparentes con los que a veces nos encontramos. Mirando desde el alma...

 

 

 

Mario Benedetti


Las primeras miradas


 
Nadie sabe en qué noche de octubre solitario,

de fatigados duendes que ya no ocurren,

puede inmolarse la perdida infancia

junto a recuerdos que se están haciendo.



Qué sorpresa sufrirse una vez desolado,

escuchar cómo tiembla el coraje en las sienes,

en el pecho, en los muslos impacientes

sentir cómo los labios se desprenden

de verbos maravillosos y descuidados,

de cifras defendidas en el aire muerto,

y cómo otras palabras, nuevas, endurecidas

y desde ya cansadas se conjuran

para impedirnos el único fantasma de veras.



Cómo encontrar un sitio con los primeros ojos,

un sitio donde asir la larga soledad

con los primeros ojos, sin gastar

las primeras miradas,

y si quedan maltrechas de significados,

de cáscara de ideales, de puresas inmundas,

cómo encontrar un río con los primeros pasos,

un río -para lavarlos- que las lleve.


Muchos sostienen que la mirada es el reflejo del alma, que es la ventana por donde se asoma la personalidad, las intenciones y la moral ¿Puede, una mirada, transmitir el estado emocional? ¿Por qué creemos importante observar los ojos de las personas?
La neurociencia encontró la explicación para este argumento basado en el puro instinto. La zona del cerebro responsable del reflejo de las emociones en la mirada, es una corteza denominada Orbitofrontal que se encuentra detrás de las órbitas oculares, de ahí deriva su nombre. Por su posición, se conecta con tres partes importantes del cerebro, aquellas que tienen la misión de construir el pensamiento, detectar las emociones y administrar las respuestas automáticas.
Estas partes son: la corteza frontal, la que se encarga de la construcción lógica y pensante de la mente; la amígdala o cerebro emocional, aquella que desencadena las reacciones emocionales; y con el tronco cerebral o cerebro reptiliano, que controla las respuestas instintivas. La función de la corteza orbitofrontal es coordinar de manera instantánea las respuestas entre el pensamiento, el sentimiento y la acción.
Esto explica la conexión entre las vías que Daniel Goleman denomina: inferior y superior, es decir, cuando sentimos reconocer alguna emoción ajena, inmediatamente adoptamos un juicio respecto a la situación, y decidimos qué hacer luego de identificarla, este proceso, casi inmediato, es obra de esta compleja conexión neuronal. 
Las neuronas encargadas de llevar esta información se llaman Fusiformes, que son aquellas que tienen forma de huso con el cuerpo cuatro veces más grande que cualquier otra neurona y un axón largo y grueso que establece las conexiones interneuronales. Esta longitud de los brazos de la neurona  da mayor velocidad a la información transmitida, de allí radica la rapidez del proceso. 
Finalmente, lo que se llama Rapport en las relaciones sociales dependen de estas conexiones, porque es debido a la función de las neuronas de la corteza orbitofrontal, que las personas pueden detectar emociones en las expresiones del rostro y matices en los tonos de voz, al conectar cierta información de la experiencia visceral con la interpretación del sentir ajeno. Entonces, la sensación empática, aparentemente, ingresa y se refleja por la mirada, cuando lo que sucede es producto de la conexión entre cortezas. Este proceso es muy importante para la comunicación.
 


martes, 3 de septiembre de 2013

Las pequeñas cosas son las grandes cosas

Las pequeñas y las grandes cosas

 
 
 
 
 
Muchas veces, la mayoria no somos conscientes del valor de "la vida", sabemos el precio de muchas cosas y el valor de pocas, el stress en el que vivimos inmersos, esa lucha contra el reloj, para hacer, hacer y hacer y así tener, nos enferma el cuerpo, y el alma, pasamos por la vida, sin ser conscientes de lo maravillosa que es, hasta que por un motivo u otro nos hace que nos detengamos, que bajemos el ritmo, que paremos, y en ese momento nos sentimos raros, ya no hay necesidad de correr y en ese desaceleramiento, la mente a veces va por libre, estamos tan acostumbrados a comer mientras trabajamos o leemos o vemos la tele, que a veces ni saboreamos la comida, casi ni la miramos, mantenemos conversaciones con amigos o conocidos a la vez que miramos el móvil para hablar por el whatssap o ver el correo y nos perdemos a la persona que está ahí en frente, su sonrisa, su mirada, su maravilloso tiempo que nos dedica, que a fin de cuentas, eso es la vida, tiempo, y podemos elegir entre disponer de él o ser esclavos del mismo, en estos momentos más que nunca hay que recuperar los antiguos placeres, sean cuales sean estos, una buena conversación, un animal, un paseo, un libro, la naturaleza, simplemente NO HACER NADA, y disfrutar de el silencio, hoy me han regalado una sonrisa y una caramelo, un regalo de extraordinario valor que ha llenado mi alma. LAS PEQUEÑAS COSAS SON LAS GRANDES COSAS!
Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después pregunto a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.
Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena lleno todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime. El profesor, rápidamente añadió dos tazas de café al contenido del Bote y efectivamente, lleno todos los espacios vacíos entre la arena.
Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada mas nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas. Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche… La arena es el resto de las pequeñas cosas.
Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo el nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes. Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto sólo es arena".
Uno de los estudiantes levantó la mano y le pregunto que representaba el café. El profesor sonrió y le dijo: "Me encanta que me hagas esta pregunta!. El café es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo..."

lunes, 2 de septiembre de 2013

De profesión: PELOTA

 Realmente mi admiración a los lameculos, chupapollas, calientasillas, personas sin ningún mérito ni valía, más allá de calentar la oreja del jefe o mandamás de turno, a todos en alguna ocasión nos habrá aparecido el típico compañero que por los pasillos te dice un; en confianza y porque eres tú pero anda que esta, o yo, yo no es por tirarme el moco simplemente soy el mejor, alguién que no sabe ni quitarle la funda al boli, pero que cuando aparece el jefe se desvive en sonrisas, babosas y baja la cabeza en un total acto de sumisión, ese corre ve y dile, que en presencia del jefe jamás defiende al compañero que cuando se piden horas extras es el primero: normal, no va a currar, que mas le da, o acepta cualquier turno de vacaciones que ya se pillará la baja en cuanto pueda, que a un compañero le dice que el otro a dicho y viceversa, para crear conflictos, realmente mi admiración pues sois zorros y zorras, y yo como no puedo dejar de ser transparente y creo que profesional, soy de esas extrañísimas personas que creen que el trabajo es trabajo, eficiencia, eficacia y profesionalidad, no ser meramente un farsante calientaorejas, que oye, visto lo visto tiene un valor, ahora bien, me pregunto ¿que poca autoestima tiene que tener alguién para necesitar veinte mil cotorras alrededor que le sonrian le digan a todo que si y le bajen la cabeza? Un poco de dignidad tendría que ser recetada por todo médico que se precie de este béndito país, pero sí realmente ser pelota y arrastrao es una profesión todavía sin catalogar, en mi caso, no se si algun dia tendré personas a mi cargo, lo que si sé es que me gustan las personas transparentes, trabajadoras y honestas ¿ande las encontraré? JIJijiji

 

 

¿Por qué hay gente que hace la pelota?

Aduladores, embelecadores, abrazafarolas, halagadores... Los pelotas tienen muchos nombres y son visibles revoloteando en torno a alguien poderoso con el fin de medrar. Su presencia, a veces, es vital para el jefe, a veces una catástrofe


John Fitzgerald Kennedy fue, seguramente, uno de los políticos con más carisma en la historia del mundo moderno. Como personaje de ficción, es el mandatario que más películas y series de televisión ha protagonizado: de hecho, es inevitable un cameo suyo en cualquier guión que transcurra a principios de los sesenta. Como objeto de culto, goza del honor de tener decenas de museos dedicados a él (incluso en un lugar tan alejado de EE.UU. como Berlín) y de ser el único gobernante al que también (o sobre todo) conocemos por sus siglas, como si de un rapero de éxito se tratase.
JFK era ya un mito en vida, entre otras cosas por las inteligentes frases que le hacían decir en sus discursos. Una de ellas, repetida en varias entrevistas, se ha convertido en un recordatorio que todo líder debería tener en cuenta: “Decidas lo que decidas, el 20% de las personas estará en contra”.
La cita recuerda algo que todo jefe, coordinador o director debería tener en cuenta en todo momento: el consenso total es imposible. Cuando se afrontan dilemas que afectan a un grupo de personas, cualquier resolución choca con los intereses y opiniones de algunas de ellas. Así pues, si tenemos responsabilidades y tomamos una decisión, es imposible que contentemos a todos. Si nos da la impresión de que así ha sido, deberíamos sospechar que al menos la quinta parte de las personas a nuestro cargo están ocultando sus críticas.
Pero la tentación de olvidar esto y centrarse en aquellos que nos bailan el agua es muy fuerte. El mismo Kennedy cayó en ese error en numerosas ocasiones, prefiriendo creerse a aquellos que alababan sus decisiones y le aseguraban que eran incuestionables y apartando a aquellos que podían criticar sus actuaciones.
El ejemplo más desastroso de esta aceptación del peloteo se produjo a principios de 1961. Aceptando una idea que curiosamente procedía en realidad de Richard Nixon (el adversario al que derrotó en las elecciones) JFK propuso invadir Cuba. En las reuniones con sus asesores –documentadas más tarde por uno de ellos, Arthur Schlesinger– se veía claro que los datos apuntaban a que la operación iba a ser un fracaso. Pero Kennedy estaba rodeado de amigos lisonjeros (había ido apartando a los más críticos de sus colaboradores) y nadie extrajo las conclusiones obvias de esos datos.
Como nos recuerda Schlesinger: “Quienes rodeaban al presidente creían que era una especie de rey Midas que convertía en oro todo lo que tocaba”. Allen Dulles y Richard Bissel –altos cargos de la CIA que habían prosperado camelando políticos– le dijeron al presidente que habría una insurrección armada a partir del desembarco en la bahía de Cochinos, ya que todo el pueblo cubano estaba contagiado por el atractivo de la figura de JFK. Nadie se atrevió a negar esos halagos porque se impuso la tendencia a adular al mito. Y la ilusión de unanimidad llevó a tomar una decisión suicida que, en realidad, no compartía la mayoría de asesores cuando se les preguntaba, como hizo Schlesinger, uno a uno.
La adulación forma parte de la vida social. Continuamente piropeamos a los demás, creyendo o no en esas virtudes ajenas. Los motivos son variados: necesidad de agradar al otro, empatía con su situación y ganas de animarle, interés en seducir a la persona… Ligando en un bar, despidiendo a un amigo que se va o escuchando las cuitas de un familiar, exaltamos con desparpajo los logros ajenos como parte de nuestras relaciones. Y no nos sentimos culpables porque nuestras afirmaciones sean falsas. Sabemos que la adulación es una droga que no hace daño… a no ser que la persona la inhale.
Sin embargo, cuando existe una relación de poder de por medio, el riesgo de que la persona absorba nuestros elogios e infle demasiado su ego con ellos es muy grande. A pesar de ello, muchas personas usan esa táctica para contentar a los que tienen más poder. El fenómeno es tan universal que, probablemente, todos los idiomas tienen una palabra para designarlo.
Los pelotas, los cobistas, los chaqueteros, los incombustiblemente lisonjeros aceptan cualquier opinión de la persona que sienten que está por encima, sin importarles si se trata de un error garrafal o una resolución que va a perjudicar a muchas personas. No son especialmente hábiles en las relaciones sociales (de hecho, es habitual que todo el mundo sepa de qué pie cojean). Su mérito, lo que ellos creen que les va a hacer medrar, es que nunca discrepan. Siempre están de parte del jefe en el momento crítico y funcionan como parásitos: se unen a sus superiores porque creen que pueden vivir de su energía.
De hecho, su habilidad para sostener el ego ajeno suele ser su mayor fortaleza: no creen necesario desarrollar sus capacidades laborales porque presumen que gozando del favor de los de arriba todo va a ir bien. Cuando se comienza una relación de camelo así es porque uno piensa que mientras esté en relación simbiótica con su jefe, puede ahorrarse esfuerzos en su vida profesional. Como recordaba Adlai Stevenson, otro político propenso a las citas: “El poder corrompe, pero la falta de poder corrompe absolutamente”.
Para el superior, por su parte, el halagador es útil porque es un proveedor de autoestima. A él, como a cualquier persona, le gusta que le den coba: los experimentos demuestran, por ejemplo, que cuando alguien habla de nosotros tendemos a no escuchar apenas las críticas y atender predominantemente a los halagos. Nos autoengañamos (y es adaptativo que lo hagamos) pensando que somos más eficaces y especiales que lo que demuestra la realidad. Y tenemos propensión a rodearnos de aquellos que sostienen esa necesaria falacia.
Pero es que además, en el caso de los líderes, la necesidad suele ser aún mayor: hay muchos estudios que muestran una correlación entre narcisismo y puestos directivos. Edward Roberts, profesor de la MIT’s Sloan School, encuentra por ejemplo en sus investigaciones una clara asociación entre ascenso laboral y perfil egocéntrico. No es de extrañar: las personas que toman decisiones deben estar más seguras de sí mismas que aquellos que se limitan a cumplir órdenes. Por eso es importante que desarrollen lo que Albert Bandura denominó “autoeficacia”, es decir, la capacidad de hacer juicios positivos sobre sus capacidades que les permitan alcanzar niveles altos de rendimiento. Las creencias acerca de la propia eficacia, según este investigador, desempeñan un importante papel en la vida profesional, actuando a manera de filtro entre los logros anteriores y la conducta posterior. Los mandatarios suelen ser personas que optimizan esa capacidad: creen que saben hacer las cosas mucho mejor de lo que las han hecho antes. Y eso, según Bandura, aumenta sus posibilidades de mejorar su rendimiento futuro.
Subida del ego para el jefe, disminución de exigencias de rendimiento para el empleado halagador…Se diría que la simbiosis entre estos dos personajes crea una dinámica perfecta que satisface las expectativas de los implicados. Pero, como sabe cualquiera que tenga una cierta experiencia laboral, el gran problema de esta relación es que es muy efímera. Las circunstancias que sostienen la relación de peloteo suelen durar muy poco tiempo. Y en cuanto cambia el panorama y varían las necesidades de los implicados, se rompe el equilibrio.
La ruptura habitual de la relación del adulador y su superior suele ser el fracaso profesional del equipo que han formado. En los grupos en los que no hay unos resultados cuantificables (un grupo de amigos que sale de juerga, por ejemplo) el líder puede limitarse a escuchar a los que le agasajan y dejarse llevar por la ilusión de unanimidad grupal sin problemas. El chico popular de la pandilla puede seguir rodeado de su séquito aunque acaben yendo siempre a las peores discotecas, porque en realidad las decisiones de ese líder no afectan la vida de las personas que le siguen.
Pero cuando se trata de gestionar asuntos que llevan a resultados verificables, estar rodeado de pelotas acaba llevando a la catástrofe. Un jefe de área de una empresa de ingeniería, un director general de una multinacional o un coordinador de terreno de una oenegé que no tengan a su alrededor técnicos que les digan cuándo pueden estar equivocándose corren un riesgo que, tarde o temprano, les va a hacer estrellarse. Y en ese momento, se replantearán su relación simbiótica con sus más tenaces halagadores.
La invasión de la bahía de Cochinos fue un fracaso operativo innegable que bordeó el ridículo. Menos de mil quinientos exiliados cubanos intentaron invadir Cuba: como ninguno de los buques de refuerzo llegó a tiempo, al segundo día estaban rodeados por más de doscientos mil soldados cubanos y al tercer día todos los supervivientes estaban en un campo de prisioneros. Arthur Schlesinger cuenta que Kennedy, desconcertado, vagaba por el despacho Oval preguntándose cómo había podido ser tan mal aconsejado como para permitir que la operación siguiera adelante. Como suele ocurrir, el desastre acabó afectando profundamente a la carrera política de los pelotas: Allen Dulles dimitió como director de la CIA y Richard Bissel tuvo que abandonar también su cargo en la agencia. JFK siguió engrandeciendo su mito (de hecho, la fallida invasión ayuda a resaltar los aspectos humanos y encariñarnos con el personaje en los dramas acerca de su figura) y los agasajadores consejeros cargaron con la responsabilidad y fueron apartados de la circulación.
Lo curioso es que, pese a que la historia está llena de ejemplos así, el peloteo sigue dándose. El patético final del embelecador pertinaz es ya un tópico literario y audiovisual: hasta en Mulan, una película infantil, hay un personaje (Chi Fu, el consejero) que acaba despojado de su cargo por ser demasiado lisonjero con el emperador. Entonces ¿por qué hay tantas personas que caen en esa táctica?
La respuesta más habitual de aquellos que investigan sobre psicología de grupos es que, en la mayoría de los casos, la causa es la situación, no la persona. Es cierto que hay individuos que sufren de un exceso de “deseabilidad social”, es decir, que tienden a ser tremendamente sumisos e intentar caer bien cuando sienten a alguien por encima. Pero también es verdad que la mayoría de los que caen en el peloteo no son individuos que tengan habitualmente problemas de asertividad. Lo que ocurre es que sienten que, en la circunstancia en la que están, dar coba continuamente a los superiores es la mejor táctica. En ciertos colectivos humanos, no sólo se fomenta la actitud de aquellos que hacen continuamente la pelota, sino que parece casi imprescindible usar esa técnica. Se podría hablar de grupos pelotofílicos, organizaciones en las que el halago indiscriminado a los superiores es adaptativo y cualquiera que no siga esa táctica está condenado a ser despedido.
Entre las características de esos colectivos está, por ejemplo, la existencia de una especie de “código secreto”. La dinámica autocomplaciente de los superiores suele comenzar cuando se generan términos propios para referirse a los que están en contra de las decisiones de la jerarquía (“resentidos”, “rebeldes”, “amargados”…) y afirmaciones suficientemente vagas como para que parezca que todo el mundo las comparte (“Los que nos critican son aquellos que no son suficientemente valientes como para seguir adelante con nuestro proyecto”). De esta forma, los de arriba se van rodeando de halagadores que sólo repiten palabras vacías sin saber muy bien a qué están diciendo que sí exactamente.
Eso lleva a los lisonjeros a ir implicándose, poco a poco, en las decisiones de los jefes. Porque en los colectivos propensos a la coba funciona lo que el psicólogo Robert Cialdini denomina la “técnica del pie metido en la puerta”: los pelotas se van involucrando progresivamente en las resoluciones de la autoridad sin darse cuenta de hasta qué punto están adquiriendo responsabilidades que les comprometen. El jefe sólo les pide, al principio, una participación mínima. No les da información de hasta dónde pueden adentrarse en lo que están haciendo y qué les ocurrirá a medida que su compromiso sea más grande. Después, paulatinamente, aumenta la presión para que todo sea de su incumbencia, sirviendo, por ejemplo, de correveidiles a los directivos. Los pelotillas acaban haciendo de transmisores de las decisiones difíciles e impopulares y los compañeros acaban por verles como responsables de esas acciones. En este tipo de grupos pelotofílicos, las competencias se diluyen y los poderosos pueden tomar distancia de las repercusiones de sus decisiones.
Y eso hace que, al final, los aduladores persistentes se adentren en un fenómeno mental denominado disonancia cognitiva. Leon Festinger, psicólogo de la Universidad de Stanford, acuñó ese término para designar la tensión que se crea cuando, simultáneamente, tenemos dos pensamientos que no concuerdan entre sí. En el caso de los halagadores crónicos, la disonancia se produce cuando advierten que han acabado por actuar en contra de sus criterios morales o de sus intereses influidos por la necesidad de lisonjear a un jefe. Esa sospecha les produce una gran tensión. Y lo curioso es que, como ya predijo Festinger, el pelota suele resolver esa angustia con una “salida hacia delante”: se compromete más aún tomando fanáticamente partido a favor de su jefe. El final, el ya predicho: cuando la falta de crítica lleva al equipo al desastre, el directivo –como hizo JFK– se deshace de los pelotas en cuanto puede olvidando los “servicios prestados”.
Las dinámicas de los pelotas están suficientemente analizadas por multitud de especialistas en este tema. Los remedios para que estas actitudes no se fomenten son, también, suficientemente conocidos. Pero siempre se lucha contra una de las grandes tentaciones del ser humano, la de creernos los halagos de las personas que están bajo nuestro poder. Mientras estemos en condiciones de hacer favores, nadie nos dará con la puerta en las narices; pero es bueno recordar que hay unas cuantas personas que se han quedado con las ganas… y que quizá tengan razones para hacerlo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

¿Y tú de que vas disfrazado?

 Seguimos con las fiestas en mi pueblo y ayer era la noche de los disfraces, realmente la imaginación y el trabajo no dejan de admirarme, muchos están todo el año trabajando en su disfraz y el resultado es admirable. Recuerdo que cuando era niña y salía con mis padres no soportaba los disfraces en los que la cara iba tapada, siempre he sido muy miedosa, y al no ver la cara me producía una desazón, y me preguntaba ¿qué habrá detrás? Esa es mi pregunta siempre, ¿qué escondemos tras nuestra máscara social? ¿porqué cada uno de nosotros adoptamos una máscara y morimos sin saber quién somos? Nuestro ego toma poder en nuestra vida....y domina al ser...¿Eres? o ¿aparentas?



EL EGO: las exigencias de tu falso yo
El ego es nuestra autoimagen; es nuestra máscara social, es el papel que estamos representando. Nuestra máscara social se nutre de la aprobación de los demás. Quiere controlar, y el poder le sustenta, pues vive en el miedo.
Consideremos al ego como la idea que cada uno de nosotros tiene de sí mismo. Es decir, que el ego no constituye mas que una idea, una ilusión, pero una ilusión que ejerce gran influencia”. Nadie ha visto al ego. Se trata más bien de un fantasma que aceptamos que controle nuestra vida. El problema  es que mantener esta ilusión puede impedirle conocer su verdadero yo, su esencia espiritual.
El ego se empeña en hacerte creer que lo más que importa es el cuerpo y que la personalidad es creencias limitantes 3lo más esencial.
El ego (o falso yo) entra en la competencia, quiere estar donde está el otro/a. A la vez nos muestra un mundo peligroso, donde has de desconfiar.
El falso yo hace lo posible para que estemos intranquilos, que no actuemos con calma, tiene miedo que nos encontremos con nosotros mismos, sabe que llegado ese momento dejara de “existir” de llevar el mando de nuestra vida.
Nos alienta por medio del miedo a acumular más, sea premios o prestigio o ascender un escalón más en la empresa, quiere llegar a ser el mejor.
A la vez es exigente, encuentra poca o nada de satisfacción en lo que hace, le viene sentimientos de desesperación, busca hacer más, estar siempre ocupado, con proyectos incluso con visos altruistas, todo es válido, con tal de mantenernos separados de si mismo.
Al ego le aterroriza la posibilidad de que le puedan decir que es un fracasado, el vive una perenne angustia queriendo evitar, lo que puedan pensar de el, quiere destacar, cree que ahí está el poder, el logro, es todo un autoengaño.
creencias limitantes 2También nos envía mensajes falsos, como que es mejor estar aislado, el muestra su cobardía convenciéndote que eso de llegar a si mismo es una pamplina, nos induce a sentirnos indignos y no merecedores, nos abruma con sentimientos de culpabilidad.
El ego lo hemos creado nosotros, así que en realidad, es una ilusión. Si nos hubieran permitido (al igual a nuestros padres, abuelos…) ser auténticos, haber recibido el amor, ternura y la estima necesaria y ser uno mismo, el ego sería solo un acompañante de la personalidad.
CONOCER TU YO VERDADERO
Nuestro Yo verdadero, que es nuestro espíritu nuestra alma, está totalmente libre de todo lo expuesto. Es inmune a las críticas, no teme ningún desafío y no se siente inferior a nadie.
Pero al mismo tiempo es humilde y no se siente superior a nadie, pues reconoce que todos los demás son el mismo Yo, el mismo espíritu, bajo disfraces diferentes.
Al ego no se trata de eliminarlo, ni de despreciarlo, sino de ser conscientes de su existencia, él también somos nosotros, se trata de amarlo como es con todos sus aspectos y condicionamientos, eso sí, estar alertas, para que no gobierne nuestra vida. Lo que prima es guiar Nuestra Vida desde el auténtico Yo.
SUGERENCIAS PARA SUPERAR EL EGO Y ALCANZAR LA CONCIENCIA SUPERIOR:
* Intenta conocer tu ego y determinar cuando tu ego influye y domina tu vida. Pregúntate: ¿Estoy romper cadenasescuchando a mi falso yo o a mi yo espiritual?.

* A medida que vayas adquiriendo conciencia de tu ego, podrás librarte del egocentrismo y entrar en la conciencia superior.
* Comienza a llevar la cuenta de con cuánta frecuencia usas el pronombre “yo”. Al no centrarte en tu propia persona estarás superando el ego.

* Escucha a los demás y no te centres en tí mismo. Durante las conversaciones, concéntrate en lo que la otra persona está diciendo y en lo que sientes. Luego responde con una frase que empiece por “tú”. Esto se denomina escucha activa. Es una manera de contener el ego y permitir que participe el yo espiritual.
* Resiste el hábito de permitir que el ego domine tu vida. Cuanto más te resistas a permitir que tu ego sea quien controle tu vida, más pronto llenarás el espacio que antes ocupaban las exigencias de tu falso yo.