jueves, 17 de octubre de 2013
Movimiento
Buenas tardes, llevo un tiempo sin escribir, pues aquí estoy. He estado pensando que la vida muchas veces es más hermosa si nos centramos en observar, en estar presentes en el momento en cuestión. Nos pasamos el día haciendo, y un momento de serenidad es algo valiosísimo, cuando nuestra mirada se vuelve más serena, todo cobra otro sentido, otro color. Un día te detienes en la vereda del camino, te sientas y observas como en un agujero hay un pequeño charco de agua, y dentro de ese agua, hay vida, las gotas empiezan a caer, es una lluvia fina, casi ni te moja, la sensación es tan apacible, miras las gotas que van formando circulos y mas circulos en el continuo movimiento repetitivo y constante y sientes que eres parte de esa lluvia que te empapa poco a poco, como una leve caricia, levantas los ojos y te dejas ir, pegando tus pies descalzos al suelo, sintiendo una conexión poderosa con la tierra, que también forma parte de tí, no hay temor, ni ruido, ni preocupación. Sólo hay silencio y calma, mucha calma, somos parte de esa calma, uno con la naturaleza, surge la sonria y no hay nada que hacer excepto respirar, sólo eso tiene sentido, respirar, y respirar y en cada respiración estamos más cerca de ese lugar al que pertenecemos, que se llama yo mismo, y es infinito en el ser.
martes, 8 de octubre de 2013
Vivimos demasiado pendientes de los demás
Buenos días, ultimamente no escribo tanto en el blog, eso no quiere decir nada, simplemente, que no escribo tanto. La reflexión de hoy es sobre, la importancia que le damos a los demás en nuestra vida, el grado de responsabilidad que le damos en ella, es como si los demás fuesen los grandes culpables, de lo que nos sucede, cosa fácil, mientras otro es culpable yo no asumo mi responsabilidad, cuando la responsabilidad de mi vida ES MIA. Si no soy féliz tengo que encontrar el porqué, y cambiarlo. No se trata de que me quieran más o me quieran menos, sino de como me quiero yo, de como me siento yo, de cual es mi actitud ante los contratiempos, de como afronto y enfrento mi vida. Si siempre estamos criticando, exigiendo al otro, si el otro es un individuo sano y adulto se irá de nuestra vida, harto de nuestros chantajes, de nuestra manipulación infantil. Leo cosas en las redes sociales del tipo: yo que siempre me preocupo por todo, los que nunca me han querido, con lo que yo he echo por tí, tendrías y deberías que son muestra de un pensamiento irracional, radical y anulante, en lugar de mirar tanto hacía fuera, estar tan pendiente del otro, hasta agotarse y agotarlo dirigamos el centro de nuestra mirada a nosotros mismos, seamos adultos, conscientes, aceptemonos, aceptemos, demonos amor, y cambiemos la critica por el elogio, veamos la virtud y no el defecto, pues todo eso que no me gusta de tí es lo que no he aceptado en mi, ya que somos espejos unos de otros. Centremonos y si es necesario busquemos ayuda, la vida es sólo una, no la desperdiciemos, avancemos y crezcamos.
El proceso de la elección
Los
valores están situados en la dimensión intelectual de nuestra
conciencia e influyen directamente en la selección de pensamientos
que vamos a sustentar. El nivel en el que hayamos reflexionado y
desarrollado nuestros valores determina nuestro poder de controlar
la corriente de pensamientos que surge en respuesta a los estímulos
externos.
Es esencial reafirmarnos internamente como un ser fundamentalmente positivo y que tiene una capacidad de decidir lo que piensa, dice y hace. Tenemos la capacidad de escoger una respuesta constructiva o negativa.
¿Cómo hace elecciones una persona? Diversos factores limitan nuestra capacidad de elegir libremente. Estos factores son limitaciones que vienen de hábitos existentes y de las influencias de las personas y dominan nuestros pensamientos, actitudes, etc. También nos limita la influencia de nuestros propios miedos, deseos, y falta de claridad. Cuanto más practicamos el pensamiento positivo y la meditación, más nos liberamos de estos factores limitadores.
¿Qué influencias son las que nos dominan de una forma u otra? Muchas personas no están acostumbradas a pensar por sí mismas, e incluso prefieren seguir lo que piensan los demás. Requiere dar un paso de coraje el sentarnos tranquilamente, pensar en las opciones éticas que tenemos frente a nosotros, evaluarlas considerando todas sus implicaciones y tomar una decisión. A medida que pasamos por la infancia y la juventud adquirimos preconceptos de nuestro entorno social. De esta forma llegamos al punto de creer que algunas cosas son siempre positivas y otras son siempre negativas, cuando de hecho puede que sean neutrales. El aspecto de bueno o malo no es inherente a nada, sino que es nuestro pensamiento lo que lo vuelve beneficioso o perjudicial. El clásico ejemplo sería: “¿Está el vaso medio lleno o medio vacío?”.
Tenemos la opción de posicionarnos ante las situaciones de la vida desde un estado de contentamiento, alegría, calma, coraje y libres de preocupaciones o bien desde una actitud de queja, críticas, descuido, confusión, agresividad y cobardía. Dependiendo de nuestro posicionamiento interno así serán los pensamientos, la perspectiva, la visión y las elecciones que hagamos.
Es esencial reafirmarnos internamente como un ser fundamentalmente positivo y que tiene una capacidad de decidir lo que piensa, dice y hace. Tenemos la capacidad de escoger una respuesta constructiva o negativa.
¿Cómo hace elecciones una persona? Diversos factores limitan nuestra capacidad de elegir libremente. Estos factores son limitaciones que vienen de hábitos existentes y de las influencias de las personas y dominan nuestros pensamientos, actitudes, etc. También nos limita la influencia de nuestros propios miedos, deseos, y falta de claridad. Cuanto más practicamos el pensamiento positivo y la meditación, más nos liberamos de estos factores limitadores.
¿Qué influencias son las que nos dominan de una forma u otra? Muchas personas no están acostumbradas a pensar por sí mismas, e incluso prefieren seguir lo que piensan los demás. Requiere dar un paso de coraje el sentarnos tranquilamente, pensar en las opciones éticas que tenemos frente a nosotros, evaluarlas considerando todas sus implicaciones y tomar una decisión. A medida que pasamos por la infancia y la juventud adquirimos preconceptos de nuestro entorno social. De esta forma llegamos al punto de creer que algunas cosas son siempre positivas y otras son siempre negativas, cuando de hecho puede que sean neutrales. El aspecto de bueno o malo no es inherente a nada, sino que es nuestro pensamiento lo que lo vuelve beneficioso o perjudicial. El clásico ejemplo sería: “¿Está el vaso medio lleno o medio vacío?”.
Tenemos la opción de posicionarnos ante las situaciones de la vida desde un estado de contentamiento, alegría, calma, coraje y libres de preocupaciones o bien desde una actitud de queja, críticas, descuido, confusión, agresividad y cobardía. Dependiendo de nuestro posicionamiento interno así serán los pensamientos, la perspectiva, la visión y las elecciones que hagamos.
viernes, 4 de octubre de 2013
Cerrando heridas
Que la vida no es fácil, a estas alturas todos lo sabemos. Ahora bien, es hermosa y valiosa con todas sus luces y sombras. A veces lo que pasa es que cuesta pasar página, sobretodo si hablamos de sentimientos, cuando hemos tenido un vínculo fuerte con una persona, nos hemos dado, hemos estado incondicionalmente y esa persona sin ninguna empatía, nos da de lado sin ninguna explicación, nos sentimos muy mal, no nos han dado derecho a réplica, la oportunidad de saber qué sucedió, cual es nuestra cuota de responsabilidad, y en ese momento nos sentimos utilizados, sin duda es letal para la autoestima, empezamos a culpabilizarnos por nuestra ingenuidad, sin ser conscientes que quizás es lo mejor que a podido sucedernos. Si algo me ha enseñado la vida, es que cuando una persona sabe que siempre estaremos ahí incondicionalmente, no nos valora, nosotros le hemos dado ese derecho, porque o bien nos queremos poco o bien la queremos demasiado, se ha sentado un precedente en la relación. Las buenas relaciones son cuestión de TIEMPO, la confianza es algo que hay que entregar gradualmente y en base a la confianza que se nos dá, pues cuesta mucho conseguirla y muy poco perderla, y el respeto se gana, empieza por uno mismo. Si nosotros no nos respetamos, nadie lo hará, si nosotros no valoramos nuestro tiempo, si consentimos que jueguen con la culpabilidad, sino ponemos límites, nadie lo hará y cuando las cosas vayan mal siempre nos dirán eso, de, lo que tu veas. Una relación sana compensa la responsabilidad de la misma en ambos individuos, si siempre es uno quién llama, quien es puntual, quien está, quien adopta el rol de adulto, y el otro de niño, mal vamos. A partir de ahora yo soy quién elige las amistades, tendrán que ganarse mi amistad, pues quién se da "sin condiciones" espera y necesita "sin condiciones"
martes, 1 de octubre de 2013
La voz del alma
Esta sociedad, la nuestra, la que estamos viviendo está muy enfocada en el "hacer" y en el "lograr" y muy desconectada del ser. Da la impresión que somos más importantes a medida que hacemos más cosas, como si toda la vida fuese una carrera contra el reloj, para intentar llegar a una meta, que ni siquiera sabemos cual es. Luego viene el estrés, el no tengo tiempo, tener que cuadrar agendas para "tomarse un café" con un amigo o con la pareja, al que llegamos tan estresados y en el que nos contamos todas las cosas que hemos echo o queremos hacer, que realmente compartir en ese momento, mas que el bullicio que llevamos en la mente, compartimos poco. Creo que a todos nos ha pasado decir o decirle a alguién, te echo de menos, tengo muchisimas ganas de verte, programar un encuentro entre nuestras obligaciones y hobbies, haciendo casi una escala para quedar con esa persona y que la conversación en lugar de virar hacia lo profundo, lo que se supone que comparten los amig@s, ha ido simplemente sobre mil ocupaciones y preocupaciones, sobre sutanito, fulanito, menganito, que ni conoces y siendo francos ni te importa, en esos momentos te das cuenta que no sólo no compartes nada, sino que te has acelerado innecesariamente para estar con alguién que es como una gallina, no cesa de hablar de ochocientos cinquentaycinco mil problemas de medio mundo, y que no valora tu tiempo en absoluto. Eso si, si llega tarde tiene una imaginación para las excusas que ni Alicia en el País de las Maravillas, siendo sincera a estas edades no estamos aquí para cambiar a nadie con lo cual. ¿Porqué enfadarse, quejarse? No, es mejor actuar, soltar, dejar, apartarse, y mirar desde el alma, más dentro y menos fuera. que nuestra energía es limitada.
Todos tenemos sabiduría, simplemente sucede que con frecuencia nos desconectamos de ella. La intuición nos conecta con nuestra sabiduría interna. La voz de la intuición es la voz que está alineada con las leyes universales, es la voz del alma, es la voz creativa de tu ser. Es la voz del ser auténtico y es la voz que nos puede guiar con seguridad en un período de cambio y transformación. La intuición no es un impulso. La intuición es una información sutil que procede de lo profundo de nuestro ser.
En los momentos en que se nos presentan retos, cambios o desafíos, nuestra intuición sabe lo que necesitamos. Para escucharla necesitamos distanciarnos de nuestras emociones, generadas por las situaciones que estamos atravesando. Necesitamos volver a tener confianza en nosotros mismos y en el universo. Necesitamos aceptar que hemos cometido errores, perdonarnos y seguir avanzando. Al confiar, nos fortalecemos y con confianza podemos seguir viajando para descubrir nuestro propósito, cuál es nuestra contribución a la vida.
Para tener acceso a nuestra intuición, tenemos que crear una línea clara de comunicación entre la cabeza y el corazón. La voz de la intuición viene del corazón de nuestro ser y le transmite un pensamiento a nuestra mente. Así que necesitamos despejar el camino, apartarnos momentáneamente de este juego ilimitado de la vida e ir hacia el interior.
Esta desconexión del mundo y de sus circunstancias tiene por objetivo liberar nuestra mente del constante ruido de los pensamientos mundanos, conectados con las interminables situaciones y escenas de la vida. Dejar por unos momentos que la vida siga su curso sin intervenir, entendiendo que no es necesario que estemos actuando todo el tiempo en el escenario. Podemos hacernos a un lado, mentalmente, y permitirnos esos momentos de reflexión y meditación para descansar y recargarnos.
Ahí encontraremos la quietud interior necesaria para escuchar la voz de nuestra intuición, nuestra sabiduría interna. Después podemos retornar de nuevo al juego de la vida, refrescados y con nuevas soluciones.
Estás recibiendo las "Reflexiones Espirituales" porque en algún momento te has suscrito a http://www.brahmakumaris.org/spain
La voz de la intuición
Todos tenemos sabiduría, simplemente sucede que con frecuencia nos desconectamos de ella. La intuición nos conecta con nuestra sabiduría interna. La voz de la intuición es la voz que está alineada con las leyes universales, es la voz del alma, es la voz creativa de tu ser. Es la voz del ser auténtico y es la voz que nos puede guiar con seguridad en un período de cambio y transformación. La intuición no es un impulso. La intuición es una información sutil que procede de lo profundo de nuestro ser.
En los momentos en que se nos presentan retos, cambios o desafíos, nuestra intuición sabe lo que necesitamos. Para escucharla necesitamos distanciarnos de nuestras emociones, generadas por las situaciones que estamos atravesando. Necesitamos volver a tener confianza en nosotros mismos y en el universo. Necesitamos aceptar que hemos cometido errores, perdonarnos y seguir avanzando. Al confiar, nos fortalecemos y con confianza podemos seguir viajando para descubrir nuestro propósito, cuál es nuestra contribución a la vida.
Para tener acceso a nuestra intuición, tenemos que crear una línea clara de comunicación entre la cabeza y el corazón. La voz de la intuición viene del corazón de nuestro ser y le transmite un pensamiento a nuestra mente. Así que necesitamos despejar el camino, apartarnos momentáneamente de este juego ilimitado de la vida e ir hacia el interior.
Esta desconexión del mundo y de sus circunstancias tiene por objetivo liberar nuestra mente del constante ruido de los pensamientos mundanos, conectados con las interminables situaciones y escenas de la vida. Dejar por unos momentos que la vida siga su curso sin intervenir, entendiendo que no es necesario que estemos actuando todo el tiempo en el escenario. Podemos hacernos a un lado, mentalmente, y permitirnos esos momentos de reflexión y meditación para descansar y recargarnos.
Ahí encontraremos la quietud interior necesaria para escuchar la voz de nuestra intuición, nuestra sabiduría interna. Después podemos retornar de nuevo al juego de la vida, refrescados y con nuevas soluciones.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Hablar menos de los problemas y más de las alegrias
He estado unos cuantos días sin escribir en el blog, proyecto que me hace mucha ilusión compartir con vosotr@s y aquí estoy de nuevo, ya sabeís que a veces "menos es más". Hoy he empezado el día con una energía y una actitud totalmente renovada, y es cierto que cuando cambiamos la actitud cambia nuestra vida, porque lo vemos todo de otro color, es como cambiar de gafas, vemos la vida de otra manera. Si tomamos distancia muchas veces de las cosas, de las personas, y comenzamos a escuchar y escucharnos, nos daremos cuenta de que la mayor parte del día estamos quejándonos, cosa que retroalimente una energía que además supone un esfuerzo altísimo para nuestra salud, pues estar enfadado es agotador. ¿Sirve de algo quejarse? Yo creo que tod@s tenemos en nuestro círculo de amistades o en la familia, alguna de esas personas que nunca ven soluciones, sino problemas, que hasta respirar es un esfuerzo, que se pasan el día criticando a los demás, enfocandose en sus defectos y diciéndoles lo que tienen o deben de hacer, admito que muchas veces lo he echo, ahora bien, ¿cómo nos sentimos cuando alguién nos dice cómo tenemos que comportarnos o que debemos de hacer? Hasta nuestra postura corporal se pone a la defensiva porque nos sentimos invadidos y atacados. ¿Quién es este para decirme a mi lo que tengo que hacer? O cuando quedamos con alguién y siempre nos bombardea con miles de problemas compléjisimos, sobre el o ella, su familia, su trabajo, su vida, !Ojo! no estoy diciendo que no apoyemos a alguién que sufre, sólo que hay quejicas, dramáticos crónicos, que nos agotan, nos desgastan y por muy buena voluntad que pongamos rechazan toda ayuda, y que como nuestro tiempo es limitado y nuestra energia se agota, si realmente aspiramos a la felicidad, tenemos que echar por la basura todo lo que la impide, y que probablemente lo que más nos impide ser felices, son nuestros pensamientos. Si en estos tiempos tan duros que vivimos cuando quedamos con los amigos tenemos conversaciones sobre cosas positivas con mucho humor y armonia, nos sentiremos mejor, porque llorar, es cierto que alivia, ahora bien, reir es una vitamina para el alma. Por eso, alejaros de todo lo que vale la pena, acercaos a lo que valga la alegria y recordad que quién bien te quiere, te hará reir.
domingo, 22 de septiembre de 2013
Amor "real"
Una de las mejores experiencias que podemos tener como adultos es amar y ser amados, y tipos de amor hay muchos, quizás el más importante, porque es el que más cosas descubre de nosotros sea el amor de pareja. ¿Realmente es tan difícil como parece que una pareja crezca junta con el paso del tiempo? Quizás depende de nosotr@s mismos, de nuestra forma de ser y amar, de nuestro ego, de nuestros miedos de nuestra madurez o inmadurez, ¿quién sabe? Me maravilla ver personas de más de sesenta años que aún caminan cogidas de la mano y conversando pues creo que la comunicación es vital en el amor, y cuando veo que las parejas hablan distendidas y extendidas, pienso, !mira como se quieren! y a mi vena romántica le sale una cómplice sonrisa. En este mundo tan rápido en que todo anda a la velocidad del trueno, es dificil ver a las parejas felices durante el tiempo, no se supera la cotidianidad de la vida, muchas personas cuando se rompe el enamoramiento tiran la relación creyendo que se ha roto, igual es así para ellos, y en mi opinión, la diferencia está en las raices, como en los árboles, una relación buena, suele comenzar con una fuerte y sólida amistad, en la que ya hemos creado esa parte esencial de las relaciones humanas de calidad y no el fast food, la confianza, se ha creado la complicidad, el cariño, el divertirse juntos, compartir, y como el roce hace el cariño, un día tu amig@ empieza a ser visto de otra manera, con lo cual, como la cocina, un buen fuego, un fuego duradero, es lento, lo demás fuegos artificiales y mascletá, que nos dejaran un regusto agrio, no estoy hablando de un amor para toda la vida, aunque ¿porque no? sino de una relación con compromiso, el bienestar del otro, junto a nuestro propio bienestar, la entropia y complicidad que suele generar, el tiempo, los valores comunes, la dirección conjunta, la flexibilidad y el sentido del humor. Ahora bien, si sólo uno ha arriegado, apostado, aportado, y dado y no ha recibido, el desequilibrio rompe la relación. Me hace gracia las personas que desde el primer momento te dicen, me encanta como eres y después te dejan por la misma razón, quizás el error fue descorrer los cerrojos del alma con demasiada velocidad, ¿confiar?, si por supuesto, a la vez que nos den confianza, porque una vez perdida, al menos en mi caso, no se recupera. A veces nos quedamos con el regusto agrio de la culpabilidad, ¿tan importantes nos creemos como para asumir la plena responsabilidad de una relación nosotros solos? Pues no, es cosa de dos, de ahí que los límites y las parcelas se pongan desde un principio y sea necesaria la correpondencia, desde la forma de ser de cada uno, con lo cual desde mi punto de vista, aspiro a un amor pleno y adulto, no a una ilusión, por muy bonita que sea, que me deje el sabor de la hiel en los labios
Aceptación, dificil y necesaria lección de vida
A tod@s los seres humanos nos gusta sentirnos aceptados y respetados por ser quienes somos, sobretodo por las personas que queremos y que nos quieren, ahora bien, para que otro ser humano nos acepte, antes, tenemos que aceptarnos nosotr@s y esto cuesta trabajo, por una parte nuestro inconsciente y por otra parte el contexto social en que vivimos que nos empuja al perfeccionismo exacerbado y a la insensatez de vivir hacia fuera y no hacia dentro, simplemente por la necesidad de aprobación. Quizás sea más importante y más humano reconocer que tenemos luces y sombras y que precisamente esas, nos humanizan, y mucho, y esas mismas luces y sombras son las que tienen los demás, de ahí que reconociendo las nuestras podamos aceptar mejor las de los demás. ¿Aceptamos realmente a una persona cuando no la dejamos expresarse en libertad? ¿Cuando no nos gustan sus opiniones y las vivimos como algo personal? ¿cuando anteponemos nuestro ego a la empatía de comprender cómo se siente? ¿cuando no somos capaces de ver su falta de amor y el dolor en las quejas que a veces injustamente recibimos? ¿cuando le decimos tienes que... eres tal...deberias....? La respuesta es NO
Al aceptar incondicionalmente a los demás, les ayudamos a que se quiten sus máscaras y que se encuentren a gusto tal y como son. La seguridad de ser aceptados les da la libertad de ser ellos mismos y les permite llegar a conocerse fácilmente y también a aceptarse a sí mismos.
Sólo nos podemos sentir cómodos cuando nos adaptamos a nuevas situaciones y a diferentes maneras de hacer las cosas si somos alegres y permanecemos tranquilos. A menudo nos resistimos a las nuevas ideas de los demás o a las circunstancias cambiantes debido a que tenemos celos, desconfianza o resentimiento. Si alejamos esta negatividad, empezamos a ver con una visión positiva y podemos incluir nuevas perspectivas en la vida, con un sentido de franqueza y aventura.
A medida que crece nuestra fuerza espiritual, abandonamos el hábito de preocuparnos. Para nada sirve, como no sea para llenarnos de tensión y hacernos sentir desdichados. Cuando dejo de inquietarme por cosas que están más allá de mi control, y en cambio me concentro en crear pensamientos optimistas y bondadosos, mi vida se encauza en direcciones mucho más positivas. Al encarar la vida con espíritu liviano y optimista puedo afrontar y aceptar con calma todo lo que ella me depare.
Alentar mi optimismo es el mejor modo de conservar la alegría. Para lograrlo puedo empezar el día meditando sobre cómo derramar luz y amor en las situaciones que se me presentarán a lo largo del día. Si luego me mantengo en contacto con el espíritu de Dios y con su benévola mirada, la felicidad interior que me embargará me ayudará a afrontar y aceptar cualquier situación sin sentirme agobiado.
Estás
recibiendo las "Reflexiones Espirituales" porque en algún momento te
has suscrito a
http://www.brahmakumaris.org/spain
Aceptación
Al aceptar incondicionalmente a los demás, les ayudamos a que se quiten sus máscaras y que se encuentren a gusto tal y como son. La seguridad de ser aceptados les da la libertad de ser ellos mismos y les permite llegar a conocerse fácilmente y también a aceptarse a sí mismos.
Sólo nos podemos sentir cómodos cuando nos adaptamos a nuevas situaciones y a diferentes maneras de hacer las cosas si somos alegres y permanecemos tranquilos. A menudo nos resistimos a las nuevas ideas de los demás o a las circunstancias cambiantes debido a que tenemos celos, desconfianza o resentimiento. Si alejamos esta negatividad, empezamos a ver con una visión positiva y podemos incluir nuevas perspectivas en la vida, con un sentido de franqueza y aventura.
A medida que crece nuestra fuerza espiritual, abandonamos el hábito de preocuparnos. Para nada sirve, como no sea para llenarnos de tensión y hacernos sentir desdichados. Cuando dejo de inquietarme por cosas que están más allá de mi control, y en cambio me concentro en crear pensamientos optimistas y bondadosos, mi vida se encauza en direcciones mucho más positivas. Al encarar la vida con espíritu liviano y optimista puedo afrontar y aceptar con calma todo lo que ella me depare.
Alentar mi optimismo es el mejor modo de conservar la alegría. Para lograrlo puedo empezar el día meditando sobre cómo derramar luz y amor en las situaciones que se me presentarán a lo largo del día. Si luego me mantengo en contacto con el espíritu de Dios y con su benévola mirada, la felicidad interior que me embargará me ayudará a afrontar y aceptar cualquier situación sin sentirme agobiado.
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