viernes, 6 de septiembre de 2013

¿Para que sirven las ideas si en lugar de unir, separan?

 Jose Angel Buesa

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

Quizás te diga un día que se me fue el amor,
y cerraré los ojos para amarte mejor,
porque el amor nos ciega, pero, vivos o muertos,
nuestros ojos cerrados ven más que estando abiertos.

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que nos quedamos juntos para toda la vida.

Una idea que no nos sirve para vivir en armonía, coexistir pacificamente, reconocer la valía de cada ser humano, no es una idea válida, nos agarramos a ideales para dar sentido a la vida, ¿que mayor sentido tiene la vida que el amor? El amor nunca separa, une, el amor no diferencia entre idiologías opuestas, pues ve el ser de la persona, no la diferencia, estos tiempos compulsos necesitan más allá de ideologías, centrarse en el bien común, en el mayor bienestar de cada ser humano. Desvincularse de colores, banderas, himnos, que nos han llevado a la destrucción de otros seres humanos, a vivir en miedo, a humillar, a desamparar, a oprimir a otros seres. No espereís que muera por una idea, a no ser que sea una idea de amor, de unidad y de igualdad. Los valores universales, los derechos humanos, esos son los que unen, y ¿porque no? el arte, la música es el lenguaje universal, capaz de tocar el alma de cualquier ser humano, el humor, el teatro, la risa, no me pidaís que vaya a una guerra sino es una guerra de abrazos, besos, mordiscos y cosquillas. Lo siento, no me apego a ninguna ideologia que me separe del otro, ni colores ni banderas.

No tengo tiempo

Vivimos en una sociedad, en la que el ruido y la prisa se adueñan del día a día, nos pasamos el día corriendo y nunca llegamos, quizás de vez en cuando estaría bien preguntarse ¿dónde voy? Vivimos como el conejito del cuento Alicia en el país de las maravillas, corriendo contra el reloj, no nos alcanza para caminar tranquilos, hasta cuando nos levantamos más pronto para tener más tiempo, el tiempo no alcanza. Perdemos relaciones porque entre nuestra multiples actividades no tenemos tiempo para atenderlas o viceversa, quedar con un amigo a veces es mas dificil que que el Papa nos conceda audiencia, no hay tiempo para la familia, los padres no tienen tiempo para los niños, y los niños lo saben, no hay tiempo para jugar, abrazar, tocar, conversar, sentir en definitiva, no hay tiempo para vivir, porque la vida es eso, tiempo, y muchas veces dejando de hacer, hacemos más que haciendo. No tengo tiempo

Por eso es muy importante valorar el tiempo que nos ofrecen los demás y no perderlo con quién no tiene tiempo para nosotros.
“¿No tengo tiempo? ¿O más bien tengo el mismo tiempo que todo el mundo -24 horas- pero prefiero dedicarlo a otras cosas?”
Nadie tiene tiempo para salir a caminar o cocinar su propia comida, pero todo el mundo tiene tiempo para estar sentado en un atasco o ver la televisión. En realidad no son más que elecciones. Como dice mi amiga Ana de Fácil de digerir, no son las circunstancias las que determinan tu calidad de vida, sino tus decisiones.
Para dejarlo más claro hoy comparto contigo un artículo que escribí hace un tiempo para una vida sencilla. El título del post era “¿No tengo tiempo? ¿O falta de amor?”, donde reflexiono acerca de la relación entre nuestra dedicación de tiempo y nuestra autoestima, especialmente. Para adaptar mejor el texto a lo que nos incumbe en este blog, sugiero sustituir en cada una de sus apariciones la palabra felicidad por salud.

¿No tengo tiempo? ¿O falta de amor?

“No tengo tiempo” debe ser la excusa más utilizada de las últimas décadas. O lo que es lo mismo, la mayor mentira. En un mundo en el que aparentemente todo pasa cada vez más deprisa -digo aparentemente porque los minutos siguen durando lo mismo-, nadie parece tener tiempo para lo que es importante, para las pequeñas cosas que nos dan lo que todo el mundo busca y poca gente parece encontrar. Cómo no, hablo de la felicidad. O sea que, en este momento de crisis social -además de económica-, lo peor que nos está pasando es que no somos felices. Bueno, eso no es lo peor. Lo más negativo de todo es que estamos convencidos de que no tenemos tiempo para ser felices.

Antes de empezar a descubrir el minimalismo y leer sobre productividad personal, gestión del tiempo, etc… es decir, antes de darle una oportunidad al sentido común, yo era uno de esos de los que no tenía tiempo. Poco a poco me fui dando cuenta de que no tenía tiempo para todas aquellas cosas que en realidad hoy me hacen sentir vivo, feliz, mientras que dedicaba demasiadas horas a otras que lo único que me aportaban verdaderamente eran dolores de cabeza, insomnio, malas digestiones, nervios, frustración, tristeza, etc.
Al mismo tiempo también me he adentrado en el mundo de la neurociencia y la psicología, dos disciplinas que desde hace muy poco han cambiado de rumbo drásticamente hacia el estudio positivo de las conductas. ¿Qué quiere decir esto? Durante muchísimos años los científicos se habían obsesionado con el estudio de las patologías, de los transtornos, de las anomalías, centrándose en aquellas personas que no eran felices, que no encontraban su razón de ser. Hoy día empiezan a darle más prioridad al análisis de las personas optimistas, positivas, felices. ¿Cómo lo hacen para estar siempre contentos? ¿Cómo consiguen que todo les salga bien?
En este viaje de lectura, escritura, charlas, toma de conciencia,… esto es, comunicación, creo haber encontrado la clave de la felicidad. El secreto de la felicidad es el amor. Hoy no quiero profundizar en ello, pero necesitaba decirlo para poder comprender mi conclusión. Tampoco entraré en el porqué de nuestras excusas. Pero lo cierto es que cuando nos estamos justificando al decir “No tengo tiempo”, en realidad omitimos una parte de la frase, ya que en realidad estamos diciendo “No tengo tiempo para amar”.
Llegado este punto, es fundamental comprender que amar es un ejercicio de autoestima y de estima, con un componente potentísimo de reciprocidad. Es decir, amar comporta quererse a uno mismo y querer a los demás. Y además es recíproco, por lo que cuanto más te quieras y más amor muestres por los demás, más te querrán y más te sentirás amado -ya sabemos que la felicidad es contagiosa-.
¿Cómo quererme a mí mismo? Dos acciones: cuidándome y disfrutando. Hacer ejercicio, comer sano, dormir lo adecuado, leer, bailar, cantar, aprender, etc. La autoestima, en parte, se basa en la dedicación de tiempo para uno mismo. Es primordial cuidar mi salud física, emocional y mental, por lo que los pilares de mi amor propio son la actividad física, la alimentación, el descanso, la expresión de emociones y el conocimiento. No me queda otra que ingeniarmelas para sacar tiempo de donde sea y empezar a quererme más.
¿Cómo querer a los demás? Dos acciones, otra vez: cuidándoles y haciéndoles disfrutar. Escuchar a tu pareja, ayudar a tus padres, jugar con tus hijos, quedar con los amigos, etc. Soy un ser que forma parte de algo más grande, de una sociedad. Comunicarse libremente y emocionalmente, compartir y hacer cosas por los demás de manera altruista también forman parte del amor, y nuevamente necesitan de dedicación de tiempo.
Bueno bueno, parece que esto de amar requiere de mucho tiempo. ¿Y qué? En realidad vivir no es más que amar, el resto son banalidades que nos hemos inventado. ¿De verdad prefiero hacer otras cosas? ¿Realmente hay algo más importante?
Yo ya pasé por eso y no volveré a pasar. Le dedicaba más tiempo a los goles de Cristiano Ronaldo que a lo que quería decirme mi mujer durante la cena. Más tiempo a comprar y tener el armario lleno de ropa que no me ponía que a donarla a gente que sí la utilizaría. Más tiempo a espachurrarme en el sofá y hartarme a galletas que a cuidar mi salud. Más tiempo a navegar sin rumbo por Internet que a concentrarme en una buena lectura. Más tiempo a prestarle atención a lo que tenía que a lo que necesitaba. Más tiempo para lo que pensaba que para lo que sentía.
Todo aquello ha dejado de ser importante, por lo que ya no le dedico ni un segundo. Todo mi tiempo es para actividades que me hacen feliz, para quererme y mostrar amor a los demás -incluso mi trabajo lo es-. Lo sé, parece difícil, pero no lo es. Algunos pasos para conseguirlo son identificar qué es lo que queremos, concentrarse en ello, eliminar lo superfluo, innecesario e intrascendente, saber decir que no,…
¿Y tú? ¿Tienes tiempo para amar?