miércoles, 11 de septiembre de 2013

El corazón tiene razones que la razón no entiende






Dicen que amar es comprender, hasta cuando no se entiende. ¿Quizás sea esa la base de una relación sana? La mutua comprensión. Quizás muchas relaciones se rompan por falta de la misma. Ponerse en el lugar del otro parece ser que no es fácil y lo irónico del asunto es que la raza humana es la única especie que tiene empatía. ¿entonces? Si la suma de nuestras mutuas diferencias no nos hace mejores ¿qué hacemos juntos? Realmente, cuando nos enamoramos somos los seres más vulnerables del mundo, porque amar, amar en estado puro es aspirar a la felicidad del otro, a veces a costa de la propia infelicidad, esa sonrisa que nos abre el alma, esa mirada, ese brillo en los ojos ¿cómo negarle nada? Estoy convencida que hay personas que nacieron para amar y son amantes dolientes y otras nacieron para ser amadas y se dejan querer, ¿qué es lo que entregan entonces? Ellos no saben lo que duele un email no respondido, lo que significa estar horas esperando una llamada, una caricia, el dolor de ver el brillo de esos ojos cuando se reflejan en otra persona que no somos nosotros, ellos saben que estamos ahí, hipnotizados y embelesados por sus cualidades narcóticas, y eso es lo peor que puede pasar en una relación, que alguién sepa que incondicionalmente estaremos ahí, muy a lo contrario de la pureza del verdadero amor, el amor humano, el amor pasión, precisamente es pasión por ese tira y afloja, por esa seducción, por saber que podemos perder en cualquier momento al ser amado, es así de irónico, encender y enfriar, jugar, algun@s aspiramos a un amor profundo que quizás no nos está destinado en este mundo. La indiferencia y la ausencia acaba matando el más hermoso de los amores, porque estamos heridos, no comprendemos la actitud del otro, al principio nos cabreamos con nosotros mismos y nos sentimos culpables. ¿Cómo he podido ser tan tonta? Luego cuando el dolor amaina, nos damos cuenta que el amor es así, que es un ave que se posa a veces en la ventana y a veces vuela, quizás al próximo amor le demos más alas, no nos demos por completo desde el principio, creemos ese halo de misterio que da tanto valor y hechizo a lo inalcanzable, seamos más acuatícos y menos transparentes, más pacientes, confiemos más en nosotros mismos y así estemos más receptivos a un amor sano y adulto, y también divertido.

martes, 10 de septiembre de 2013

Ser transparente

Mi vida ha sido una lucha continua entre mis emociones y el mundo, mi mundo emocional es tan complejo y profundo que a veces me hace vivir en una marea continúa y no es fácil, he ido encontrando vías para relajarme, mis emociones tienen mucho poder en mi vida. No sé si eso es bueno o malo, simplemente es. Lo que muchas veces me ha perjudicado es precisamente lo contrario de lo que se predica como panacea de un mundo emocional sano, vivir acorde a mis emociones, a mis sentires, a mis atracciones y rechazos, ser sincera con lo que siento, transparente, y es que soy como el agua, se nota todo en mí, desde la afininidad y la simpatía, a la incomodidad y el desánimo, lo curioso es que muchas veces siento también los estados emocionales de las personas que me rodean, dicen que es intuición, por llamarle de alguna manera, lo llamaremos así, el caso es que muchas veces me habría ido mejor si me hubiese puesto una máscara, sino hubiese sido honesta, sólo que eso supone ir en contra de esta conciencia tan puñetera que no me deja dar un paso contra ella misma. Ser transparente, en el fondo es ser vulnerable, pues todo el mundo sabe muy bien como te sientes y de que hilo tiene que tirar para hacerte daño o hacerte sentir bien. Ser transparente es no temer ser frágil a veces, quizás las personas transparentes al final sean las más valientes en un mundo que cierra las puertas a la emoción y el sentimiento y apuesta por la fría y montruosa razón. 





A veces, suelo preguntarme por qué es tan difícil ser transparente… creemos que ser transparente simplemente es ser sincero, no engañar a los otros. Pero ser transparente es mucho más que eso.
Es tener el valor de exponerse, de ser frágil, de gritar, de decir lo que sentimos… Ser transparente es desnudarse el alma, es dejar caer las máscaras, bajar las armas, destruir las inmensas y pesadas paredes que nosotros insistimos tanto en construir… ¡Ser transparente es permitir que florezca toda nuestra dulzura!
Pero infelizmente, casi siempre, la mayoría de nosotros decide no tomar ese riesgo. Preferimos la dureza de la razón a la luminosidad que expondría toda la fragilidad humana. Preferimos el nudo en la garganta a las lágrimas que nacen de lo más profundo de nuestro ser… Preferimos perdernos en una búsqueda loca de respuestas inmediatas a simplemente rendirnos y admitir que no sabemos, que tenemos miedo.
No importa qué doloroso es tener que construir una máscara que nos distancie cada vez más, preferimos eso para mantener una imagen que nos dé la sensación de protección… Así, vamos ahogándonos cada vez más en palabras falsas, en actitudes falsas, en sentimientos falsos…
Con el pasar de los años, un vacío frío y oscuro nos hace percibir que ya no sabemos dar ni pedir lo más precioso que tenemos para compartir… dulzura, comprensión… Sufrimos, nos sentimos solos, inmensamente tristes y lloramos calladamente antes de dormir. Los latidos gritan dentro nuestro por no tener el valor de mostrarnos a quienes más amamos.
Porque, equivocadamente, aprendimos que es mejor atacar, acusar, criticar y juzgar, que simplemente decir: “estamos hiriéndonos… paremos ¡por favor!” Porque aprendimos que decir “eso es ser débil, es ser tonto,” es ser menos que el otro. Cuando, realmente, si actuáramos con el corazón, podríamos evitar tanto dolor, tanto dolor…
Sugiero que nos permitamos explotar toda nuestra dulzura. Que consigamos no atraer el lamento, no contener la risa, no esconder tanto nuestro miedo y no querer parecer tan invencibles…
Que consigamos no intentar controlar tanto, competir tanto….
Que consigamos vivir dulcemente… sentir… AMAR…
Y que cada año sea todo corazón, mucho más sentimiento, inundado de un amor transparente, a pesar de todo el riesgo que eso significa.

Autor desconocido

La autoridad bien entendida, no el autoritarismo

Nuestra sociedad es muy compleja y cambiante, la tecnología avanza a pasos agigantados día a día, caen paises, nacen otros, los modelos familiares, base de la sociedad también cambian, ahora bien, ¿hemos pasado de una sociedad excesimavente autoritarista a una sociedad caótica? Si preguntamos a much@s educadores, comprobaremos que en muchas ocasiones están bajo el dominio de pequeños tiranos de tres y cuatro años....Es muy importante la autoridad bien ejercida, inculcar el valor del respeto a las norma, fundamentales para convivir en sociedad, que el niño acepte y sepa como canalizar la frustración, todos sabemos que en el mundo adulto, no siempre conseguimos lo que queremos, y cuando lo hacemos por el camino correcto, la honestidad, es producto de mucho tiempo, perseverancia y sacrifio. El respeto no significa tener miedo, ni mucho menos, es junto a la tolerancia un valor a trabajar. Todos los actos tienen consecuencias, y no puede ser que un padre consienta que un niño maltrate a sus profesor sin ningun tipo de consecuencia. Os dejo un buen artículo para reflexionar.
¿Qué ocurre cuando no tenemos autoridad en la familia? Que nuestro hijo se apodera de ella. Los educadores saben que una autoridad bien entendida obtiene el respeto del niño y es la piedra angular para desarrollar personas equilibradas y felices. De eso se trata, de ayudar a crecer. ¿Cómo conseguir autoridad? Es importante tomar decisiones correctas y útiles para el niño día a día.


La palabra autoridad se deriva del verbo latino "augere", que quiere decir ayudar a crecer. Para un educador es importante distinguir entre:

  • "ser autoridad"
  • "tener poder"
  • "tener autoridad"
Una persona es autoridad por el cargo que ocupa. El director en la empresa, el alcalde en la ciudad, el profesor en la clase o el padre-madre en la familia son, por principio, la autoridad. Como consecuencia de ser autoridad tienen, a priori, un capital de prestigio y de reconocimiento que les permite tener autoridad.
En efecto, cuando nace nuestro hijo todos los padres disponemos del mismo capital de autoridad. En cambio, vemos a diario que, cuando un niño tiene sólo tres años, ya hay padres que han sido capaces de aumentar su autoridad y padres que han perdido gran parte del capital con que partieron. Para seguir teniendo autoridad es preciso ganarla día a día con decisiones:
  • correctas
  • justas
  • y útiles
Por otro lado, el ser autoridad conlleva no sólo tener poder para mandar a otros, sino también una capacidad coercitiva. Es aquello de que quien manda, manda, aunque mande mal. Cuanta más autoridad tenemos como padres, menos hemos de ejercer el poder. Y al contrario, en la medida que nuestra autoridad disminuye, debemos imponer medidas coercitivas: castigos, gritos, enfados, etc… que cada día han de ser mayores para que tengan efecto, deteriorando así la buena relación entre nosotros y nuestros hijos y, en consecuencia, la calidad de vida familiar.

¿Qué pasa cuando no tenemos autoridad en la familia?
Tenemos que partir de la base que la relación entre padres e hijos en edad de educar no es una relación de igualdad, sino jerarquizada. Un padre es un adulto al que se le supone una sabiduría que nuestro hijo no tiene. Los niños, hasta la adolescencia, tienen una gran capacidad para aprender datos y conocimientos, pero no tienen sentido común para afrontar muchas situaciones de la vida diaria. Hemos de ser nosotros, los padres, quienes pongamos los límites a su libertad individual para protegerlo físicamente, ya que puede, por ejemplo, cruzar la calle impulsivamente sin reparar en los coches que lo pueden herir o matar.
Igualmente debe ser un adulto quien le obligue en ocasiones a realizar una tarea que en principio no le apetece pero que a largo plazo supondrá un gran bien para él. Es el caso de muchos niños que tienen en un primer momento aversión a la natación, pero tras obligarles con firmeza y cariño aprenden a nadar y esta actividad acaba siendo una de las que más satisfacciones les produce.
Somos los padres quienes hemos de tomar decisiones por él para evitar males mayores que afectan además a otras personas, como compañeros y profesores.
Fernando Savater dice "el padre que no quiere figurar sino como el mejor amigo de sus hijos, algo parecido a un arrugado compañero de juegos, sirve para poco; y la madre, cuya única vanidad profesional es que la tomen por hermana ligeramente mayor que su hija, tampoco sirve para mucho más".
Cuando no tenemos autoridad, nuestro hijo se convierte en autoridad, llegando a disponer y a usar la correspondiente cuota de poder inherente a ella. Nadie desea un jefe que no tenga ni sabiduría, ni sentido común, ni ningún sentido de la medida para ejercer su poder, porque estaremos soportando y sufriendo un tirano, un dictador, que es en lo que se convierte nuestro hijo cuando se da esta circunstancia.
En segundo lugar, si nuestro hijo no encuentra "autoridad" en casa porque la hemos perdido, la busca fuera de ella. Busca líderes individuales que no siempre son positivos para él o se refugia en el grupo al que sigue y sirve de modo gregario (gregario quiere decir en rebaño) ciegamente, sin hacer caso a los esfuerzos de las personas que lo quieren bien.
Por último, muchos de nosotros, cuando llegamos a esta situación, nos sentimos impotentes, pedimos ayuda al Estado y a la escuela, y no sólo queremos que actúen por nosotros, sino que además exigimos resultados cuando a lo largo de los años no hemos sabido o querido vivir como un adulto con todas sus consecuencias.

¿Cómo tener autoridad?
El primer requisito para tener autoridad es, como ya hemos dicho, ejercerla día a día. Como cualquier actividad, si no se practica se pierde. Los padres hemos de tomar decisiones diarias que ayuden a nuestro hijo a respetar los límites naturales, que le ayuden a madurar como persona. La permisividad y el "dejar hacer" son enemigos de la autoridad que ayuda a crecer.
En segundo lugar es necesario huir del autoritarismo, consistente en el ejercicio del poder de modo injusto, inútil y cuando no se debe.
En tercer lugar, para tener autoridad es preciso tener prestigio. Una persona tiene prestigio cuando se le reconoce una habilidad o cualidad determinada. Un estudio de la Universidad de Navarra comprobó que el prestigio de los padres ante los hijos no depende ni del dinero que ganan, ni del coche que tienen, ni de la práctica de un deporte, ni tan siquiera del cargo que ocupan, sino que depende de tres factores fundamentales:
  1. Del modo de ser de la persona: generosa, serena, optimista, humilde, generosa,...
  2. Del modo de trabajar: el hijo exige de sus padres un trabajo de calidad y un comportamiento honrado en su actividad laboral.
  3. Del modo de tratar a los demás: Tanto a la familia como a los amigos y compañeros, o a la sociedad en general.

Por último, no hay autoridad sin respeto fundamentado en la integridad, la sinceridad y la empatía con el prójimo, nunca en el miedo y en la imposición.


Pablo Pascual Sorribas
Maestro, licenciado en Historia y logopeda.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Del amor a la indiferencia







Siempre nos han dicho que lo contrario al amor es el odio, y no es así, la no emoción, es la indiferencia, sin duda para cualquier ser humano ser ignorado es lo peor, es despojarle de su identidad, de su individualidad, de su dignidad, sobretodo cuando está viviendo situaciones inhumanas. ¿alguna vez nos hemos preguntado el significado de esta palabra? Inhumano; falto de humanidad, cruel, pues ese es el trato que a diario reciben muchas personas, tan dignas y valiosas como cualquiera. La falta de amor, de valores nos llevan a injusticias aberrantes, a vapulear derechos humanos a diario. ¿Cúal es la naturaleza del ser humano? Si por una parte somos humanos y por otra parte nos comportamos inhumanamente? Quizás seamos una mezcla de humanidad deshumanizada, quizás el corazón se ha enmohecido, se ha vuelto metálico, y por eso volvemos la cabeza hacia otro lado. Lo que te pasa a tí, me pasa a mí, porque tú eres parte de mi ¿que sería del mundo si este fuese su lema? Afortunadamente y por darle un vuelco en positivo a esta reflexión, muchas personas han dado su vida entera por los demás, ¿qué mayor acto de amor que entregarse por completo al otro? Despojarse del egoismo y darnos cuenta de la satisfacción que da ayudar al otro, hoy, muchísimas personas ejercen una labor social voluntariamente y desinteresadamente y quiero decirles GRACIAS, gracias porque demostraís, día a día que no todo está perdido, y que sí, se puede.

Dicen que poco a poco la constancia
De la gota abre la piedra
Por ello creo en la solidaridad
Y creo que ella es la ternura
De las almas que acompañan
A las almas más débiles a conseguir sus sueños,
La solidaridad no es solo dar,
Es mucho más que eso
No es un dar, ni un acompañar sin hacer,
La solidaridad es traspasar el límite de haber conseguido
Nuestros sueños
Es entregar el alma,
La mente y juntar las manos en pleno vuelo,
Es entregarse a los demás,
Sin esperar nada a cambio
Sino tan solo el ver construidos los sueños de los otros
La solidaridad, es consecuencia hecha acción,
Para el bien, pues solo eso va con  la dignidad del ser humano
La solidaridad es amar al otro
Por que quien sabe amarse a si mismo
Sabe amar a los demás
Eso simplemente… eso es la solidaridad.


viernes, 6 de septiembre de 2013

¿Para que sirven las ideas si en lugar de unir, separan?

 Jose Angel Buesa

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

Quizás te diga un día que se me fue el amor,
y cerraré los ojos para amarte mejor,
porque el amor nos ciega, pero, vivos o muertos,
nuestros ojos cerrados ven más que estando abiertos.

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que nos quedamos juntos para toda la vida.

Una idea que no nos sirve para vivir en armonía, coexistir pacificamente, reconocer la valía de cada ser humano, no es una idea válida, nos agarramos a ideales para dar sentido a la vida, ¿que mayor sentido tiene la vida que el amor? El amor nunca separa, une, el amor no diferencia entre idiologías opuestas, pues ve el ser de la persona, no la diferencia, estos tiempos compulsos necesitan más allá de ideologías, centrarse en el bien común, en el mayor bienestar de cada ser humano. Desvincularse de colores, banderas, himnos, que nos han llevado a la destrucción de otros seres humanos, a vivir en miedo, a humillar, a desamparar, a oprimir a otros seres. No espereís que muera por una idea, a no ser que sea una idea de amor, de unidad y de igualdad. Los valores universales, los derechos humanos, esos son los que unen, y ¿porque no? el arte, la música es el lenguaje universal, capaz de tocar el alma de cualquier ser humano, el humor, el teatro, la risa, no me pidaís que vaya a una guerra sino es una guerra de abrazos, besos, mordiscos y cosquillas. Lo siento, no me apego a ninguna ideologia que me separe del otro, ni colores ni banderas.

No tengo tiempo

Vivimos en una sociedad, en la que el ruido y la prisa se adueñan del día a día, nos pasamos el día corriendo y nunca llegamos, quizás de vez en cuando estaría bien preguntarse ¿dónde voy? Vivimos como el conejito del cuento Alicia en el país de las maravillas, corriendo contra el reloj, no nos alcanza para caminar tranquilos, hasta cuando nos levantamos más pronto para tener más tiempo, el tiempo no alcanza. Perdemos relaciones porque entre nuestra multiples actividades no tenemos tiempo para atenderlas o viceversa, quedar con un amigo a veces es mas dificil que que el Papa nos conceda audiencia, no hay tiempo para la familia, los padres no tienen tiempo para los niños, y los niños lo saben, no hay tiempo para jugar, abrazar, tocar, conversar, sentir en definitiva, no hay tiempo para vivir, porque la vida es eso, tiempo, y muchas veces dejando de hacer, hacemos más que haciendo. No tengo tiempo

Por eso es muy importante valorar el tiempo que nos ofrecen los demás y no perderlo con quién no tiene tiempo para nosotros.
“¿No tengo tiempo? ¿O más bien tengo el mismo tiempo que todo el mundo -24 horas- pero prefiero dedicarlo a otras cosas?”
Nadie tiene tiempo para salir a caminar o cocinar su propia comida, pero todo el mundo tiene tiempo para estar sentado en un atasco o ver la televisión. En realidad no son más que elecciones. Como dice mi amiga Ana de Fácil de digerir, no son las circunstancias las que determinan tu calidad de vida, sino tus decisiones.
Para dejarlo más claro hoy comparto contigo un artículo que escribí hace un tiempo para una vida sencilla. El título del post era “¿No tengo tiempo? ¿O falta de amor?”, donde reflexiono acerca de la relación entre nuestra dedicación de tiempo y nuestra autoestima, especialmente. Para adaptar mejor el texto a lo que nos incumbe en este blog, sugiero sustituir en cada una de sus apariciones la palabra felicidad por salud.

¿No tengo tiempo? ¿O falta de amor?

“No tengo tiempo” debe ser la excusa más utilizada de las últimas décadas. O lo que es lo mismo, la mayor mentira. En un mundo en el que aparentemente todo pasa cada vez más deprisa -digo aparentemente porque los minutos siguen durando lo mismo-, nadie parece tener tiempo para lo que es importante, para las pequeñas cosas que nos dan lo que todo el mundo busca y poca gente parece encontrar. Cómo no, hablo de la felicidad. O sea que, en este momento de crisis social -además de económica-, lo peor que nos está pasando es que no somos felices. Bueno, eso no es lo peor. Lo más negativo de todo es que estamos convencidos de que no tenemos tiempo para ser felices.

Antes de empezar a descubrir el minimalismo y leer sobre productividad personal, gestión del tiempo, etc… es decir, antes de darle una oportunidad al sentido común, yo era uno de esos de los que no tenía tiempo. Poco a poco me fui dando cuenta de que no tenía tiempo para todas aquellas cosas que en realidad hoy me hacen sentir vivo, feliz, mientras que dedicaba demasiadas horas a otras que lo único que me aportaban verdaderamente eran dolores de cabeza, insomnio, malas digestiones, nervios, frustración, tristeza, etc.
Al mismo tiempo también me he adentrado en el mundo de la neurociencia y la psicología, dos disciplinas que desde hace muy poco han cambiado de rumbo drásticamente hacia el estudio positivo de las conductas. ¿Qué quiere decir esto? Durante muchísimos años los científicos se habían obsesionado con el estudio de las patologías, de los transtornos, de las anomalías, centrándose en aquellas personas que no eran felices, que no encontraban su razón de ser. Hoy día empiezan a darle más prioridad al análisis de las personas optimistas, positivas, felices. ¿Cómo lo hacen para estar siempre contentos? ¿Cómo consiguen que todo les salga bien?
En este viaje de lectura, escritura, charlas, toma de conciencia,… esto es, comunicación, creo haber encontrado la clave de la felicidad. El secreto de la felicidad es el amor. Hoy no quiero profundizar en ello, pero necesitaba decirlo para poder comprender mi conclusión. Tampoco entraré en el porqué de nuestras excusas. Pero lo cierto es que cuando nos estamos justificando al decir “No tengo tiempo”, en realidad omitimos una parte de la frase, ya que en realidad estamos diciendo “No tengo tiempo para amar”.
Llegado este punto, es fundamental comprender que amar es un ejercicio de autoestima y de estima, con un componente potentísimo de reciprocidad. Es decir, amar comporta quererse a uno mismo y querer a los demás. Y además es recíproco, por lo que cuanto más te quieras y más amor muestres por los demás, más te querrán y más te sentirás amado -ya sabemos que la felicidad es contagiosa-.
¿Cómo quererme a mí mismo? Dos acciones: cuidándome y disfrutando. Hacer ejercicio, comer sano, dormir lo adecuado, leer, bailar, cantar, aprender, etc. La autoestima, en parte, se basa en la dedicación de tiempo para uno mismo. Es primordial cuidar mi salud física, emocional y mental, por lo que los pilares de mi amor propio son la actividad física, la alimentación, el descanso, la expresión de emociones y el conocimiento. No me queda otra que ingeniarmelas para sacar tiempo de donde sea y empezar a quererme más.
¿Cómo querer a los demás? Dos acciones, otra vez: cuidándoles y haciéndoles disfrutar. Escuchar a tu pareja, ayudar a tus padres, jugar con tus hijos, quedar con los amigos, etc. Soy un ser que forma parte de algo más grande, de una sociedad. Comunicarse libremente y emocionalmente, compartir y hacer cosas por los demás de manera altruista también forman parte del amor, y nuevamente necesitan de dedicación de tiempo.
Bueno bueno, parece que esto de amar requiere de mucho tiempo. ¿Y qué? En realidad vivir no es más que amar, el resto son banalidades que nos hemos inventado. ¿De verdad prefiero hacer otras cosas? ¿Realmente hay algo más importante?
Yo ya pasé por eso y no volveré a pasar. Le dedicaba más tiempo a los goles de Cristiano Ronaldo que a lo que quería decirme mi mujer durante la cena. Más tiempo a comprar y tener el armario lleno de ropa que no me ponía que a donarla a gente que sí la utilizaría. Más tiempo a espachurrarme en el sofá y hartarme a galletas que a cuidar mi salud. Más tiempo a navegar sin rumbo por Internet que a concentrarme en una buena lectura. Más tiempo a prestarle atención a lo que tenía que a lo que necesitaba. Más tiempo para lo que pensaba que para lo que sentía.
Todo aquello ha dejado de ser importante, por lo que ya no le dedico ni un segundo. Todo mi tiempo es para actividades que me hacen feliz, para quererme y mostrar amor a los demás -incluso mi trabajo lo es-. Lo sé, parece difícil, pero no lo es. Algunos pasos para conseguirlo son identificar qué es lo que queremos, concentrarse en ello, eliminar lo superfluo, innecesario e intrascendente, saber decir que no,…
¿Y tú? ¿Tienes tiempo para amar?

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Quién no entiende una mirada tampoco entenderá una larga explicación

 Quién no entiende una mirada, no entenderá una larga explicación. No sé si realmente los ojos son el espejo del alma, sé que hay miradas en las que me pierdo por su profundidad y porque me presentan un desafío que mi curiosa mente empieza a pensar ¿que significa?, miradas dulces como los pasteles en las que floto como si nadará en el agua transparente de los ojos, miradas que son chispas de alegría y felicidad, miradas que lo dicen todo, sin decir nada, las miradas cómplices del amig@, del familiar muy cercano, donde la entropia ya es tal que no hay necesidad de palabras, miradas huidizas, que no se detienen, que esconden mucho, y tienen miedo a ser descubiertas, miradas sucias que hieren como hiere la maldad cuando uno la enfrenta cara a cara, y miradas que encienden un volcán, al desnudar y necesitar ser desnudado a la vez, asomarse a los ojos de alguién es entrar en contacto con un ser humano distinto, es muy difícil que unos ojos nos mientan, si nos miran de frente, y hay miradas tan intensas que penetran y se clavan, sino puedes aguantar una mirada de un minuto con tu pareja, amiga, etc, preguntate el porqué, quizas no tengaís tanta confianza como supones...La más hermosa es esa que viene directamente del alma, limpia, transparente, serena, como la de un niño o la de esos seres extraordinariamente transparentes con los que a veces nos encontramos. Mirando desde el alma...

 

 

 

Mario Benedetti


Las primeras miradas


 
Nadie sabe en qué noche de octubre solitario,

de fatigados duendes que ya no ocurren,

puede inmolarse la perdida infancia

junto a recuerdos que se están haciendo.



Qué sorpresa sufrirse una vez desolado,

escuchar cómo tiembla el coraje en las sienes,

en el pecho, en los muslos impacientes

sentir cómo los labios se desprenden

de verbos maravillosos y descuidados,

de cifras defendidas en el aire muerto,

y cómo otras palabras, nuevas, endurecidas

y desde ya cansadas se conjuran

para impedirnos el único fantasma de veras.



Cómo encontrar un sitio con los primeros ojos,

un sitio donde asir la larga soledad

con los primeros ojos, sin gastar

las primeras miradas,

y si quedan maltrechas de significados,

de cáscara de ideales, de puresas inmundas,

cómo encontrar un río con los primeros pasos,

un río -para lavarlos- que las lleve.


Muchos sostienen que la mirada es el reflejo del alma, que es la ventana por donde se asoma la personalidad, las intenciones y la moral ¿Puede, una mirada, transmitir el estado emocional? ¿Por qué creemos importante observar los ojos de las personas?
La neurociencia encontró la explicación para este argumento basado en el puro instinto. La zona del cerebro responsable del reflejo de las emociones en la mirada, es una corteza denominada Orbitofrontal que se encuentra detrás de las órbitas oculares, de ahí deriva su nombre. Por su posición, se conecta con tres partes importantes del cerebro, aquellas que tienen la misión de construir el pensamiento, detectar las emociones y administrar las respuestas automáticas.
Estas partes son: la corteza frontal, la que se encarga de la construcción lógica y pensante de la mente; la amígdala o cerebro emocional, aquella que desencadena las reacciones emocionales; y con el tronco cerebral o cerebro reptiliano, que controla las respuestas instintivas. La función de la corteza orbitofrontal es coordinar de manera instantánea las respuestas entre el pensamiento, el sentimiento y la acción.
Esto explica la conexión entre las vías que Daniel Goleman denomina: inferior y superior, es decir, cuando sentimos reconocer alguna emoción ajena, inmediatamente adoptamos un juicio respecto a la situación, y decidimos qué hacer luego de identificarla, este proceso, casi inmediato, es obra de esta compleja conexión neuronal. 
Las neuronas encargadas de llevar esta información se llaman Fusiformes, que son aquellas que tienen forma de huso con el cuerpo cuatro veces más grande que cualquier otra neurona y un axón largo y grueso que establece las conexiones interneuronales. Esta longitud de los brazos de la neurona  da mayor velocidad a la información transmitida, de allí radica la rapidez del proceso. 
Finalmente, lo que se llama Rapport en las relaciones sociales dependen de estas conexiones, porque es debido a la función de las neuronas de la corteza orbitofrontal, que las personas pueden detectar emociones en las expresiones del rostro y matices en los tonos de voz, al conectar cierta información de la experiencia visceral con la interpretación del sentir ajeno. Entonces, la sensación empática, aparentemente, ingresa y se refleja por la mirada, cuando lo que sucede es producto de la conexión entre cortezas. Este proceso es muy importante para la comunicación.