martes, 18 de febrero de 2014

CANCIONES MOTIVACIONALES

Todos nosotros tenemos días nublados y sabemos qué beneficiosa puede ser una canción para cambiar en un instante el estado de ánimo, os dejo una selección de canciones para mejorar el estado de ánimo al momento. Sed Felices!

Hoy es un buen día para Empezar: Ricardo Arjona

Vuela Alto Julio Iglesias

Volver a Empezar Alejandro Lerner

Life is Life

¿Cómo afecta la música nuestras emociones?

Son las siete de la mañana. Tu radio empieza a sonar y escuchas los primeros acordes de esa canción que tanto te gusta. Es inevitable. Comenzar así un lunes mejora las cosas. La música afecta nuestras emociones, la forma en la que encaramos los días e incluso nuestro estado de ánimo. ¿Qué hace de ella una herramienta tan poderosa, que condiciona cómo nos encontramos de una manera tan brutal?
Hace un par de meses os contábamos cómo unos investigadores de California publicaban en la revista Science sus hallazgos sobre la importancia y la relación entre el núcleo accumbens y el córtex auditivo cuando escuchamos una canción. Gracias a la técnica conocida como resonancia magnética, los científicos buscaban entender qué ocurría en nuestro cerebro cuando oíamos música.

Nuestro estado emocional puede alterarse con música

¿cómo afecta la música nuestras emociones?Ahora investigadores de la Universidad de Pennsylvania, en Estados Unidos, han ido un poco más allá. A través de su trabajo publicado en la revista Nature Neuroscience, han tratado de averiguar cómo la música afecta nuestras emociones. Una experiencia que vivimos a diario pero de la que los científicos apenas tienen pistas.
El equipo liderado por Maria Neimark Geffen se propuso entender el mecanismo por el cual algunos sonidos o canciones podían alterar nuestro estado emocional. Este hecho no es irrelevante, ya que existen casos realmente traumáticos, en los que convendría saber más acerca de los procesos neurológicos que tienen lugar.
Por ejemplo, muchos veteranos de guerra que sufren estrés post-traumático, tiempo después de regresar de la zona de conflicto, siguen asociando ruidos o sonidos como los de los truenos, con emociones y sensaciones muy desagradables, propias del campo de batalla. Adivinar cómo activar o desactivar esta asociación mental podría ser una buena herramienta terapéutica para las personas afectadas.
Para realizar su investigación, los científicos llevaron a cabo una serie de experimentos en ratones, para comprobar cómo la agudeza acústica de estos animales podía cambiar en el caso de que sufrieran un episodio traumático. Este hecho se conoce en neurociencia como aprendizaje emocional, y su estudio puede ayudar a entender por qué la música afecta nuestras emociones.

Las pistas estudiadas con un viejo experimento de Pavlov

Con este objetivo, los investigadores norteamericanos sometieron a los ratones a lo que se conoce como condicionamiento clásico o condicionamiento pavloviano. Esta experiencia de aprendizaje asociativo se basa en una vieja idea de Aristóteles, quien decía que cuando dos cosas suelen ocurrir juntas, la aparición de una traerá la otra a la mente.
Si tras superar un episodio traumático, los animales variaban su agudeza acústica, de manera que pudieran diferenciar entre sonidos potencialmente peligrosos y sonidos relajantes, esto podía dar buenas pistas sobre cómo funcionaba el aprendizaje emocional. Repitiendo experimentos de aprendizaje muy específico a través de los sonidos, los científicos observaron cómo las respuestas emocionales y de desarrollo de la agudeza eran más específicas también, especialmente en el caso de que las frecuencias de los dos sonidos analizadas fueran parecidas.
Por último, los investigadores fueron capaces no solo de analizar cómo la música afecta nuestras emociones, sino también qué regiones del cerebro se activan durante este aprendizaje emocional. Y aunque los efectos de este proceso sobre la percepción y agudeza acústica son específicos del córtex auditivo, lo cierto es que no es la zona cerebral directamente implicada en el aprendizaje emocional.
En este importante proceso biológico, que media en parte cómo la música afecta nuestras emociones, participan dos regiones: la amígdala y las áreas auditivas subcorticales. Para conocer la relación entre la corteza auditiva y la amígdala aún se necesitan muchos más estudios, pero lo cierto es que los sonidos juegan un importante papel en nuestro estado de ánimo y las reacciones emocionales que llevamos a cabo.
Son preguntas que, aunque la ciencia tarde en responderlas, son verdaderamente intrigantes en nuestra vida diaria. ¿Y a ti, cómo te afecta la música que escuchas?

miércoles, 12 de febrero de 2014

APRENDER A VIVIR, NO TE AMARGUES LA VIDA

Os dejamos un video para aprender a no amargarnos la vida, aprender a cambiar nuestros pensamientos, que al final son los que nos hacen ser o no felices, ser o no resilentes en los momentos de crisis. 

 

 

"Superación Personal y Felicidad"


Sin duda habrás escuchado hablar del término Superación Personal. Tan llevado y traído en esta época de cambios, ha perdido su significado y ha llegado a ser sinónimo de cualquier tema que tenga que ver con algo de auto-ayuda, temas religiosos, nueva era (new age), aburridos congresos y libros escritos al vapor.
Para saber qué es la superación personal, vayamos primero a la etimología de las palabras. Superación viene del latín Superare que significa crecer, ir sobre o por encima; y Personal, que viene de persona o individuo.
Así, podríamos inferir que Superación Personal significa el engrandecimiento de la persona por encima de otras cosas. Pero resulta demasiado genérico cuando se le menciona sólo con la frialdad del diccionario.
Superacion Personal - FelicidadEn un contexto más elaborado, esto quiere decir que el que se supera personalmente está por encima o sobrepasa las limitaciones que tiene, y que la misma palabra “persona” impone implícitamente.
Estamos limitados a nosotros mismos.
Entonces para poder trascendernos y descubrir de lo que somos capaces como personas, necesitamos superarnos.


Superación y felicidad
Para encontrarle un significado en términos reales y prácticos a la frase Superación Personal, nos gustaría citar a uno de los irrefutables líderes de opinión en cuanto al tema.
El Dalai Lama dice en su libro “El arte de la Felicidad”, que todos los seres humanos somos iguales en esencia, y básicamente buscamos una cosa en la vida: Ser felices.
¿Cómo te sentirías si tuvieras todo lo que deseas en el plano emocional, mental y espiritual? Bastante feliz ¿verdad?
¿Sería muy descabellado asociar Superación Personal con felicidad? Piénsalo bien.
No es nada nuevo para el buscador de la Superación Personal escuchar que la felicidad verdadera no está fuera de nosotros, en los artículos costosos, los lujos o cualquier objeto material.
Existen incontables historias de personas que lo tienen todo y no se sienten felices, y personas que carecen de mucho y siempre tienen una sonrisa para compartir.
En esta travesía que es la vida, la verdadera felicidad la hacemos cada uno. Es alcanzable, tangible y disfrutable… aunque no es fácil hacerlo. Por algo requiere de un esfuerzo de Superación Personal.
La persona que acepta serena los problemas de la vida como algo pasajero, sabiendo que la esencia del ser humano y su destino están en la felicidad, es la que verdaderamente ha logrado superarse.
Superarte como persona es entonces trascender las barreras y limitaciones que son parte del ser humano, de sus ideas, de sus condicionamientos y de su bagaje cultural y social.
En consecuencia, quisiéramos proponer que la Superación Personal sea una serie de técnicas destinadas a lograr poner al frente de su felicidad a quien las utilice.
Queremos que la Superación Personal vaya más allá del optimismo chabacano y el autoflagelo enseñado, del regaño modoso de escritores que se sienten superados – y superiores – y de la última tendencia en cursos y congresos.
La verdadera Superación Personal convierte a las personas en responsables de su propio estado de ánimo sereno, de su engrandecimiento como seres humanos, y de la trascendencia de los obstáculos y limitaciones para lograr la meta que todos tenemos: Ser felices.

¿CRISIS U OPORTUNIDAD? DEPENDE DEL ENFOQUE

Conductas de éxito. La Crisis: ¿adversidad u oportunidad?

Autor: Maria Eugenia Hassan


Muchas personas cuando leen o escuchan la palabra crisis suelen asociarla con una calamidad, el caos, el desastre, un problema, desgracias, desempleo o la ruina. Es una palabra que, sin duda, produce muchos dolores de cabeza para quien no tiene la información y la visión adecuadas ante una situación aparentemente difícil. Es natural que una persona que no esté preparada para ese cambio pueda ver todo a su alrededor como una adversidad. La crisis es una situación que nos avisa que ha llegado el momento de hacer un cambio urgente en algo, es la hora de tomar una decisión, pero depende mucho de la actitud de la persona ante una circunstancia en particular.
Seguramente, usted escucha y lee la palabra crisis varias veces al día, crisis económica, crisis personal, crisis mundial, crisis política, crisis social, crisis familiar, crisis, crisis y más crisis, pero sin conocer su significado real.

La palabra crisis viene del griego Krisis y este del verbo Krinein, que significa “separar” o “decidir”, también los chinos tienen su propia definición al respecto y para ellos la palabra crisis tiene dos significados: peligro y oportunidad. Por esta razón, podemos decir que la crisis es un momento de cambio o ruptura para tomar una decisión sobre cuál camino escoger, el camino del peligro o el camino de la oportunidad, al fin y al cabo es una decisión personal.

La palabra crisis parece una constante en nuestra vida, sin embargo, cualquier crisis nos puede brindar una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. La actitud normal de la mayoría de los seres humanos ante una crisis es la ansiedad y la incertidumbre permanente que los paraliza en un punto haciéndose una sola pregunta ¿y ahora qué hago?.


Es lo primero que nos viene a la mente y por lo regular vemos el lado negativo del problema, es decir, nos paralizamos y no sabemos qué hacer ante tal acontecimiento.

Quedar paralizados ante una crisis es una actitud completamente normal cuando no tenemos ni la educación, ni la preparación adecuada para responder de manera positiva ante esa dificultad. Cuando hablo de educación y preparación no me refiero únicamente al hecho de tener un título universitario, sino de utilizar nuestros mejores recursos, conocimientos y talentos como persona para solucionar ese problema satisfactoriamente.

Decía el célebre compositor y músico de jazz estadounidense Duke Ellington“Los problemas son oportunidades para demostrar lo que se sabe”. Ahí está la clave, cuando nos enfrentamos a un problema o a una situación difícil, es la oportunidad para demostrar con nuestros conocimientos, nuestros recursos, nuestras habilidades y talentos quienes somos en realidad y qué sabemos hacer.

La mayoría de las personas tienen la idea de que otros vendrán a salvarlos o a resolver sus problemas, piensan que vendrá un enviado, un mesías, un gobierno paternalista a solucionarles hasta los problemas más insignificantes, incluso a destaparles la tubería del lavamanos y les aseguro que no exagero. Pero la realidad, es que cada persona tiene la capacidad y la responsabilidad de solucionar sus propios problemas, de demostrar que si se puede superar cualquier obstáculo y eso, sin duda, es mucho más gratificante.

Estamos acostumbrados a echarle la culpa a otros y no asumir nuestra propia responsabilidad, solo nos quejamos para no enfrentar nuestros problemas, en lugar de solucionarlos. Henry Ford decía “La mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas que en afrontarlos”, y es que cada ser humano tiene su propio potencial y talento para transformar un problema en solución, para convertir una adversidad en una oportunidad.

Imaginemos al dueño, encargado o empleado de una tienda, mirando a la gente que pasa, mientras habla de lo mismo con los compañeros de trabajo que seguramente estarán jugando póquer con la computadora o escuchando música para matar el tiempo, y cuando se aburre de lo mismo de todos los días, sale de la tienda a respirar otro aire y de repente ¡sorpresa! el vecino de la tienda de al lado está en lo mismo: respirando otro aire.

Por su puesto, nunca falta el acostumbrado saludo ¿Cómo está la cosa? y la típica respuesta “la cosa está mala” o “las ventas están duras..no hay vida”.

Frases como estas y muchas otras, alimentan de pesimismo el vocabulario cotidiano de la gente que solo ve la crisis como una adversidad, en realidad es una manera de hablar para estar en sintonía con los demás, para estar a la moda y quejarse de lo mismo porque los demás lo hacen, es decir, hacer que ruede la queja hasta que todos se quejen de lo mismo, en lugar de buscar la solución al problema, en este caso, llenar la tienda de clientes con nuevas promociones, ofertas especiales, atención personalizada, estrategias publicitarias, en fin, abrirse a nuevas posibilidades y generar nuevas ideas para aumentar las ventas y destacarse del montón que seguirá quejándose de la misma situación.

Para ver la oportunidad donde otros solo ven la adversidad es necesario observar la crisis desde otro punto de vista, para visualizarla con mayor perspectiva y con menor apasionamiento. Recordemos que todo tiene un lado negativo y un lado positivo, es una ley universal, pero la mayoría de los seres humanos solo ven el lado negativo porque no se necesita pensar mucho.

La única forma de cambiar nuestra manera negativa de ver las cosas, es comenzar a ver el lado positivo de cada situación. Este ejercicio práctico está comprobado; tome un lápiz y papel y seleccione cualquier problema que tenga, por muy simple que sea, escriba el problema en la parte superior de la hoja, luego enumere una lista de características negativas del problema y al dorso de la hoja haga una lista de características positivas o posibles soluciones a ese problema. Al principio le costará un poco de trabajo encontrar mas puntos positivos que negativos, pero se sorprenderá cuando la lista de soluciones supere en cantidad a la lista de adversidades. Le recomiendo que haga de este ejercicio un hábito y le garantizo que comenzará a notar los cambios positivos en su vida. Recuerde, la crisis puede ser también una oportunidad para usted.

domingo, 9 de febrero de 2014

El crítico interior y las relaciones

Siguiendo con nuestro tema y profundizando en la inteligencia emocional, hoy hablaremos del crítico interior, que no deja de ser nuestro ego y nos impide, llenando nuestra mente de tendrías y deberías de angustia y dolor, afectando a lo más valioso de nuestra vida, las relaciones, y es que andamos por la vida diciendo a todo el mundo cómo se tiene que comportar, porque en el fondo, mirando los defectos de los demás olvidamos los nuestros, cuando por más que los escondamos están ahí para humanizarnos, y se trata más bien de conocerlos, trabajarlos y sobretodo, si queremos ser felices y positivos, fomentar nuestras virtudes. Si nos aceptamos incondicionalmente, aceptaremos a los demás también, viéndolos como son, proyecciones de nosotros mismos y maestros de nuestra evolución, pues lo que no me gusta de tí en el fondo me muestra lo que no me gusta de mí. Si somos duros y exigentes con nosotros mismos, ante una situación dificil no podremos ser flexibles, cualidad de la resilencia y nos quedaremos atrapados en el miedo y la culpa, silenciemos el crítico interior, empecemos por limpiar las relaciones. Lo siento, perdón, gracias, te amo:

Mejorar las relaciones personales

 Desde una perspectiva de progreso y desarrollo espiritual, el enfoque en la relaciones es aceptar a los demás tal y como son y tratar de armonizar con las diferentes personalidades. Es un hecho que las personas, con sus diferentes personalidades, idiosincrasias y caracteres, se convierten en ocasiones en un reto en relación a nuestra propia personalidad e idiosincrasia.

Se vuelve preciso aprender a mantener nuestro auto-respeto y reafirmarnos en nuestros valores y principios y cualidades espirituales, particularmente cuando confrontamos difamación u obstáculos. Es propio de una visión de corto alcance desear las condiciones ideales, porque éstas, aparte de no cumplirse, limitarían nuestro desarrollo y crecimiento. El desarrollo y el cultivo de los valores y la práctica espiritual se producen mejor en las condiciones de adversidad. Algunas estrategias efectivas basadas en la aplicación de los valores espirituales son:

1. Considerar los errores de los demás como los propios.
El ego falso nos hace criticar los errores de los demás y adoptar la actitud de superioridad. Considerar los errores de los demás como propios nos permite una ventaja psicológica sobre nuestras reacciones críticas usuales. Es una práctica común el esconder nuestros errores y dirigir la atención a los errores de los demás para evitar la incomodidad de admitir nuestros propios defectos y nuestra inhabilidad de afrontar la crítica y las correcciones que otros nos puedan hacer. Esta nueva estrategia hace posible que las fuertes reacciones del ego que se manifiestan en críticas hacia los demás se redirijan hacia nosotros mismos y nos permitan alcanzar niveles de comprensión mayores acerca de nuestros propios defectos. Esto a la vez nos hace más sensibles a los sentimientos y la reputación de los demás y nuestro comportamiento se vuelve más humilde.

2. Aquellos que nos insultan son nuestros amigos verdaderos.
Esto es lo opuesto a lo que pensaríamos instintivamente. Esta estrategia revierte nuestra reacción instintiva del ego hacia la crítica y nuestro deseo de escuchar únicamente cumplidos y halagos. Esta técnica corto-circuita nuestra reacción defensiva del ego. Si lo que nos dicen es falso, es necesario mantener nuestra propia dignidad y auto-respeto. Si es verdadero, nos beneficiamos mucho al aceptar comentarios directos y honestos, en lugar de rechazarlos con arrogancia como insultos. Un amigo verdadero es alguien que nos beneficia. Si una verdad magulla o daña nuestro ego falso, esto es útil, porque nuestra meta es liberarnos del falso orgullo y permanecer estables en un estado de verdadero auto-respeto.

3. Permanecer desapegado frente al éxito o al fracaso, la alabanza o la crítica, las situaciones buenas o malas.
Ésta es una estrategia que entraña dificultad porque la conciencia está muy ligada a sus percepciones sensoriales. Con la ayuda de la meditación nos podemos hacer lo suficientemente silenciosos y desapegados como para liberarnos de las ilusiones de la información sensorial. Si nos apoyamos en la alabanza, nos veremos forzados a aceptar la difamación hasta el mismo punto. Para neutralizar esto, debemos practicar el desapego en relación a los éxitos y la alabanza, entonces podremos mantener desapego igualmente cuando afrontemos el fracaso o el rechazo. Este nivel interior de equilibrio, estabilidad y ecuanimidad se describe como el estado final de una práctica espiritual firme y consistente.

martes, 4 de febrero de 2014

¿Quén eres?

Sucede que muchas veces andamos por la vida sin conocer nuestras fortalezas ni nuestras debilidades, es más en lugar de esforzarnos en trabajar las fortalezas nos centramos en enmascarar nuestras debilidades quizás para no sufrir, para no resultar heridos, lo que pasa es que nuestra mente se enfoca siempre allí donde esta nuestra atención, y si en un momento duro nos enfocamos en la emoción que estamos viviendo, dificilmente vamos a superarla. Por eso es tan importante Conocerse, aceptarse y responsabilizarse, os dejo un cuento inspirador. ¿Que eres águila o gallina?

Ayudar a ser si mismo - El águila y la gallina

No hace mucho, en un país de Africa sub-sahariana, en una sesión formativa dirigida a cooperantes y misioneros españoles, agentes de salud, utilicé el cuento ya bastante difundido titulado “el águila y la gallina”.
Desconocía entonces que quien más contribuyó a su difusión había sido James Aggrey, utilizándola precisamente en un país africano, en 1925, en una reunión de líderes populares en la que se discutía sobre la colonización y la organización política del pueblo de Gana.
James Aggrey es considerado uno de los precursores del nacionalismo africano y del moderno pan-africanismo y tuvo gran relevancia política como educador de su pueblo, promoviendo la liberación que, como Paulo Freire, entiende que comienza por la conciencia del pueblo.
A mi regreso a España, he tenido la oportunidad de leer el libro que lleva el mismo título que el cuento, de Leonardo Boff y que lo utiliza como metáfora de la condición humana.
En realidad, el cuento lo hemos utilizado mucho en actividades de formación en relación de ayuda desde el Centro de Humanización de la Salud. Dice así.

El cuento

Erase una vez un granjero que, mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho malherido. Se lo llevó a su casa, lo curó y lo puso en su corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a comportarse como estos. Un día, un naturalista que pasaba por allí le preguntó al granjero:
- ¿Por qué este águila, el rey de todas las aves y pájaros, permanece encerrado en el corral con los pollos?
El granjero contestó:
- Me lo encontré malherido en el bosque, y como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo, no ha aprendido a volar. Se comporta como los pollos y, por tanto, ya no es un águila.
El naturalista dijo:
- El tuyo me parece un gesto muy hermoso, haberle recogido y curado. Además, le has dado la oportunidad de sobrevivir, le has proporcionado la compañía y el calor de los pollos de tu corral. Sin embargo, tiene corazón de águila y con toda seguridad, se le puede enseñar a volar. ¿Qué te parece si le ponemos en situación de hacerlo?
- No entiendo lo que me dices. Si hubiera querido volar, lo hubiese hecho. Yo no se lo he impedido.
- Es verdad, tú no se lo has impedido, pero como tú muy bien decías antes, como le enseñaste a comportarse como los pollos, por eso no vuela. ¿Y si le enseñáramos a volar como las águilas?
- ¿Por qué insistes tanto? Mira, se comporta como los pollos y ya no es un águila. ¡Qué le vamos a hacer! Hay cosas que no se pueden cambiar.
- Es verdad que en estos últimos meses se está comportando como los pollos. Pero tengo la impresión de que te fijas demasiado en sus dificultades para volar. ¿Qué te parece si nos fijamos ahora en su corazón de águila y en sus posibilidades de volar?
- Tengo mis dudas, porque ¿qué es lo que cambia si en lugar de pensar en las dificultades, pensamos en las posibilidades?
- Me parece una buena pregunta la que me haces. Si pensamos en las dificultades, es más probable que nos conformemos con su comportamiento actual. Pero ¿no crees que si pensamos en las posibilidades de volar esto nos invita a darle oportunidades y a probar si esas posibilidades se hacen efectivas?
- Es posible.
- ¿Qué te parece si probamos?
- Probemos.
Animado, el naturalista al día siguiente sacó al aguilucho del corral, lo cogió suavemente en brazos y lo llevó hasta una loma cercana. Le dijo: "Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo".
Estas palabras persuasivas no convencieron al aguilucho. Estaba confuso y al ver desde la loma a los pollos comiendo, se fue dando saltos a reunirse con ellos. Creyó que había perdido su capacidad de volar y tuvo miedo.
Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo: "Eres un águila. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo".
El aguilucho tuvo miedo de nuevo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Nunca lo había contemplado desde aquella altura. Temblando, miró al naturalista y saltó una vez más hacia el corral.
Muy temprano, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo: "Eres un águila, abre las alas y vuela".
El aguilucho miró fijamente los ojos del naturalista. Este, impresionado por aquella mirada, le dijo en voz baja y suavemente: "No me sorprende que tengas miedo. Es normal que lo tengas. Pero ya verás como vale la pena intentarlo. Podrás recorrer distancias enormes, jugar con el viento y conocer otros corazones de águila. Además estos días pasados, cuando saltabas pudiste comprobar qué fuerza tienen tus alas".
El aguilucho miró alrededor, abajo hacia el corral, y arriba, hacia el cielo. Entonces el naturalista lo levantó hacia el sol y lo acarició suavemente. El aguilucho abrió lentamente las alas y finalmente, con un grito triunfante, voló alejándose en el cielo.
Había recuperado, por fin, sus posibilidades.

Somos granjeros y naturalistas

No resulta fácil, en la relación de ayuda, liberarse de la tendencia a llevar al otro al propio corral del ayudante. Resulta más comprometedor y complejo promover al máximo los recursos del ayudado (del paciente, de la persona en situación de exclusión o marginación).
Podemos fácilmente adoptar actitudes semejantes a las del granjero, que promueve la cómoda actitud de la dependencia y el cuidado no liberador, en lugar de actitudes semejantes a las del naturalista, que se empeña en despertar el corazón de águila y estimularle a ser sí mismo.
Ayudar a ser sí mismo supone reconocer que dentro de cada uno hay un águila y una gallina. Y ayudar significa acompañar a liberar el águila.
Pensemos en la necesidad de promover el protagonismo de cada uno en los procesos preventivos y terapéuticos, en la necesidad de acompañar a descubrir los propios recursos para utilizarlos al máximo y no hacer de la relación de ayuda una producción de dependencias o estilos autoritarios, protectores o paternalistas.
Pensemos en los estilos de acompañamiento en entornos de pobreza donde a veces los agentes sociales importan modelos de vida y costumbres sin acompañar a desplegar las alas de los individuos y los pueblos sin promover la autoafirmación de sí mismos como diferentes. Pensemos en el riesgo de un sutil colonialismo que puede darse si no se estimula el águila que hay dentro de las personas y los grupos, respetando las diferencias culturales y sus implicaciones religiosas.
Pensemos en la comodidad que supone en los procesos de ayuda conformarse con la moral (costumbres) sin dar el salto a la responsabilidad ética; la comodidad de quedarse en la religión sin dar el salto a la fe; la comodidad de quedarse en el positivismo y el materialismo sin dar el salto a la utopía y a la espiritualidad; la comodidad de hacer del paciente un puro objeto de cura en lugar de un agente activo en los procesos diagnósticos y terapéuticos.
En el fondo, en la relación de ayuda corremos el peligro de actuar como el granjero, mientras que estamos llamados a hacer como el naturalista: acompañar a las personas y grupos a ser sí mismos.

Somos águilas y gallinas

Dentro de nosotros podemos encontrar un poco de águila y un poco de gallina. Tanto cuando ayudamos como cuando nos dejamos ayudar. Podemos adoptar actitudes semejantes a las del mismo águila que se resiste a explotar sus recursos.
El águila representa la misma vida humana en su creatividad, en su capacidad de romper barreras, en sus sueños, en su luz. Representa la persona con toda sus potencialidades, pero susceptible de acomodarse en la dependencia y comodidad del corral.
Aceptar la condición de águila supone responsabilizarse de la propia historia, participar activamente en el destino personal y comunitario, apostar por lo inédito viable, defender la propia identidad, arriesgarse a lo desconocido, aunque produzca vértigo, apasionarse por construirse y participar activamente en la sinfonía de fuerzas y contrariedades individuales y colectivas.
No aceptar la condición de águila significa desarrollarse sólo como gallina, sin sacar el jugo a los propios recursos, instalándose en la dependencia, enterrando en el sótano de la historia la riqueza personal y grupal, renunciando a la propia identidad, conformándose con la mediocridad y la comodidad de quien no vive o no le dejan vivir como protagonista en el escenario de la propia vida.
La relación de ayuda no es otra cosa que hacer de naturalista y promover el águila interior de cada persona.
No desarrollamos nuestra águila, nos comportamos como gallinas
  • Cuando no participamos activamente en los procesos diagnósticos y terapéuticos en la enfermedad.
  • Cuando delegamos responsabilidades y tomas de decisiones en los profesionales de la salud o de la acción social.
  • Cuando no nos aventuramos a conocer “nuevos corazones” y el nuestro propio, por miedo o inseguridad.
  • Cuando nos instalamos en el inmovilismo físico, mental, emocional o moral.
  • Cuando no cultivamos una sana autoestima, relacionada con las causas de exclusión y de enfermedad.
  • Cuando no decimos sí porque no nos atrevemos o cuando no decimos no porque no nos atrevemos
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Ayudar a ser si mismo - El águila y la gallina

No hace mucho, en un país de Africa sub-sahariana, en una sesión formativa dirigida a cooperantes y misioneros españoles, agentes de salud, utilicé el cuento ya bastante difundido titulado “el águila y la gallina”.
Desconocía entonces que quien más contribuyó a su difusión había sido James Aggrey, utilizándola precisamente en un país africano, en 1925, en una reunión de líderes populares en la que se discutía sobre la colonización y la organización política del pueblo de Gana.
James Aggrey es considerado uno de los precursores del nacionalismo africano y del moderno pan-africanismo y tuvo gran relevancia política como educador de su pueblo, promoviendo la liberación que, como Paulo Freire, entiende que comienza por la conciencia del pueblo.
A mi regreso a España, he tenido la oportunidad de leer el libro que lleva el mismo título que el cuento, de Leonardo Boff y que lo utiliza como metáfora de la condición humana.
En realidad, el cuento lo hemos utilizado mucho en actividades de formación en relación de ayuda desde el Centro de Humanización de la Salud. Dice así.

El cuento

Erase una vez un granjero que, mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho malherido. Se lo llevó a su casa, lo curó y lo puso en su corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a comportarse como estos. Un día, un naturalista que pasaba por allí le preguntó al granjero:
- ¿Por qué este águila, el rey de todas las aves y pájaros, permanece encerrado en el corral con los pollos?
El granjero contestó:
- Me lo encontré malherido en el bosque, y como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo, no ha aprendido a volar. Se comporta como los pollos y, por tanto, ya no es un águila.
El naturalista dijo:
- El tuyo me parece un gesto muy hermoso, haberle recogido y curado. Además, le has dado la oportunidad de sobrevivir, le has proporcionado la compañía y el calor de los pollos de tu corral. Sin embargo, tiene corazón de águila y con toda seguridad, se le puede enseñar a volar. ¿Qué te parece si le ponemos en situación de hacerlo?
- No entiendo lo que me dices. Si hubiera querido volar, lo hubiese hecho. Yo no se lo he impedido.
- Es verdad, tú no se lo has impedido, pero como tú muy bien decías antes, como le enseñaste a comportarse como los pollos, por eso no vuela. ¿Y si le enseñáramos a volar como las águilas?
- ¿Por qué insistes tanto? Mira, se comporta como los pollos y ya no es un águila. ¡Qué le vamos a hacer! Hay cosas que no se pueden cambiar.
- Es verdad que en estos últimos meses se está comportando como los pollos. Pero tengo la impresión de que te fijas demasiado en sus dificultades para volar. ¿Qué te parece si nos fijamos ahora en su corazón de águila y en sus posibilidades de volar?
- Tengo mis dudas, porque ¿qué es lo que cambia si en lugar de pensar en las dificultades, pensamos en las posibilidades?
- Me parece una buena pregunta la que me haces. Si pensamos en las dificultades, es más probable que nos conformemos con su comportamiento actual. Pero ¿no crees que si pensamos en las posibilidades de volar esto nos invita a darle oportunidades y a probar si esas posibilidades se hacen efectivas?
- Es posible.
- ¿Qué te parece si probamos?
- Probemos.
Animado, el naturalista al día siguiente sacó al aguilucho del corral, lo cogió suavemente en brazos y lo llevó hasta una loma cercana. Le dijo: "Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo".
Estas palabras persuasivas no convencieron al aguilucho. Estaba confuso y al ver desde la loma a los pollos comiendo, se fue dando saltos a reunirse con ellos. Creyó que había perdido su capacidad de volar y tuvo miedo.
Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo: "Eres un águila. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo".
El aguilucho tuvo miedo de nuevo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Nunca lo había contemplado desde aquella altura. Temblando, miró al naturalista y saltó una vez más hacia el corral.
Muy temprano, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo: "Eres un águila, abre las alas y vuela".
El aguilucho miró fijamente los ojos del naturalista. Este, impresionado por aquella mirada, le dijo en voz baja y suavemente: "No me sorprende que tengas miedo. Es normal que lo tengas. Pero ya verás como vale la pena intentarlo. Podrás recorrer distancias enormes, jugar con el viento y conocer otros corazones de águila. Además estos días pasados, cuando saltabas pudiste comprobar qué fuerza tienen tus alas".
El aguilucho miró alrededor, abajo hacia el corral, y arriba, hacia el cielo. Entonces el naturalista lo levantó hacia el sol y lo acarició suavemente. El aguilucho abrió lentamente las alas y finalmente, con un grito triunfante, voló alejándose en el cielo.
Había recuperado, por fin, sus posibilidades.

Somos granjeros y naturalistas

No resulta fácil, en la relación de ayuda, liberarse de la tendencia a llevar al otro al propio corral del ayudante. Resulta más comprometedor y complejo promover al máximo los recursos del ayudado (del paciente, de la persona en situación de exclusión o marginación).
Podemos fácilmente adoptar actitudes semejantes a las del granjero, que promueve la cómoda actitud de la dependencia y el cuidado no liberador, en lugar de actitudes semejantes a las del naturalista, que se empeña en despertar el corazón de águila y estimularle a ser sí mismo.
Ayudar a ser sí mismo supone reconocer que dentro de cada uno hay un águila y una gallina. Y ayudar significa acompañar a liberar el águila.
Pensemos en la necesidad de promover el protagonismo de cada uno en los procesos preventivos y terapéuticos, en la necesidad de acompañar a descubrir los propios recursos para utilizarlos al máximo y no hacer de la relación de ayuda una producción de dependencias o estilos autoritarios, protectores o paternalistas.
Pensemos en los estilos de acompañamiento en entornos de pobreza donde a veces los agentes sociales importan modelos de vida y costumbres sin acompañar a desplegar las alas de los individuos y los pueblos sin promover la autoafirmación de sí mismos como diferentes. Pensemos en el riesgo de un sutil colonialismo que puede darse si no se estimula el águila que hay dentro de las personas y los grupos, respetando las diferencias culturales y sus implicaciones religiosas.
Pensemos en la comodidad que supone en los procesos de ayuda conformarse con la moral (costumbres) sin dar el salto a la responsabilidad ética; la comodidad de quedarse en la religión sin dar el salto a la fe; la comodidad de quedarse en el positivismo y el materialismo sin dar el salto a la utopía y a la espiritualidad; la comodidad de hacer del paciente un puro objeto de cura en lugar de un agente activo en los procesos diagnósticos y terapéuticos.
En el fondo, en la relación de ayuda corremos el peligro de actuar como el granjero, mientras que estamos llamados a hacer como el naturalista: acompañar a las personas y grupos a ser sí mismos.

Somos águilas y gallinas

Dentro de nosotros podemos encontrar un poco de águila y un poco de gallina. Tanto cuando ayudamos como cuando nos dejamos ayudar. Podemos adoptar actitudes semejantes a las del mismo águila que se resiste a explotar sus recursos.
El águila representa la misma vida humana en su creatividad, en su capacidad de romper barreras, en sus sueños, en su luz. Representa la persona con toda sus potencialidades, pero susceptible de acomodarse en la dependencia y comodidad del corral.
Aceptar la condición de águila supone responsabilizarse de la propia historia, participar activamente en el destino personal y comunitario, apostar por lo inédito viable, defender la propia identidad, arriesgarse a lo desconocido, aunque produzca vértigo, apasionarse por construirse y participar activamente en la sinfonía de fuerzas y contrariedades individuales y colectivas.
No aceptar la condición de águila significa desarrollarse sólo como gallina, sin sacar el jugo a los propios recursos, instalándose en la dependencia, enterrando en el sótano de la historia la riqueza personal y grupal, renunciando a la propia identidad, conformándose con la mediocridad y la comodidad de quien no vive o no le dejan vivir como protagonista en el escenario de la propia vida.
La relación de ayuda no es otra cosa que hacer de naturalista y promover el águila interior de cada persona.
No desarrollamos nuestra águila, nos comportamos como gallinas
  • Cuando no participamos activamente en los procesos diagnósticos y terapéuticos en la enfermedad.
  • Cuando delegamos responsabilidades y tomas de decisiones en los profesionales de la salud o de la acción social.
  • Cuando no nos aventuramos a conocer “nuevos corazones” y el nuestro propio, por miedo o inseguridad.
  • Cuando nos instalamos en el inmovilismo físico, mental, emocional o moral.
  • Cuando no cultivamos una sana autoestima, relacionada con las causas de exclusión y de enfermedad.
  • Cuando no decimos sí porque no nos atrevemos o cuando no decimos no porque no nos atrevemos
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sábado, 1 de febrero de 2014

Nacemos resilientes o nos hacemos resilentes

¿Es una capacidad innata o aprendida? Vamos a empezar con los ejemplos de personas resilientes, para saber que podemos aprender de ellas, os dejamos un interesante coloquio al respecto

Eric Abidal, Maria de Villota, el científico Stephen Hawking o el malogrado actor Christopher Reeve (entre otros muchos) cuentan con un denominador común si prestamos un mínimo de atención. Todos ellos hicieron, en un momento dado de sus respectivas vidas, del sufrimiento, virtud. En su día, la fatalidad les golpeó sin miramientos (un cáncer de hígado, la pérdida de un ojo o quedarse postrado en una silla de ruedas para el resto de sus días), pero lejos de hundirse, paradójicamente todos ellos salieron fortalecidos del trauma vivido.

Este fenómeno responde al nombre de resiliencia. Según la definición de la Real Academia española, se trata de “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”.

Hay bastante consenso entre los investigadores a la hora de identificar a la estadounidense Emmy Werner como la pionera en efectuar un estudio, a mediados del siglo XX, sobre resiliencia. Werner heredó el concepto del psicoanalista británico John Bowlby, quien a su vez lo tomó prestado de la Física. De este ámbito es de donde procede, originariamente, el término.

La Física lo define como la capacidad que tienen algunos metales para doblarse y luego volver a su posición original cuando se deja de ejercer presión sobre ellos. En psicología, “se usa la metáfora de los juncos” para explicar el concepto, relata a LaVanguardia.com el profesor de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, Gonzalo Hervás. “Cuando el caudal aumenta considerablemente, los juncos de los ríos se doblan, sin romperse y sin quebrarse, y luego vuelven a su posición original cuando las aguas recuperan su aspecto habitual”, añade.

¿Es posible ser resiliente, o es algo genético?

Son muchas, o bastantes para ser exactos, las personas que tienen, entre sus aptitudes, la de ser resilientes. Aunque puede tener algo que decir, la genética no determina de manera unívoca que un individuo cuente o no con esta, dijéramos, habilidad. Y es que se puede aprender a ser resiliente, aunque no todo el mundo puede hacerlo. “Uno puede pensar que el porcentaje de respuestas resilientes es minoritaria. Pero en realidad es bastante más alta de lo que esperaríamos, entre un 30 y un 50%. Es algo frecuente ser resiliente, y mucha gente se sorprende a sí misma cuando lo descubre”, esgrime Gonzalo Hervás.

El problema radica en que para saber si uno cuenta, o no, con esta capacidad es necesario pasar por una experiencia extrema. “Esa es la prueba de fuego y es lo que hace que uno lo confirme”, asegura el profesor de la Complutense. De hecho, “la persona (y esto enlaza con otro concepto psicológico que se llama crecimiento tras la adversidad) descubre esas capacidades nuevas que desconocía y se siente mucho más seguro para enfrentarse a otras experiencias. Uno redescubre cuáles son sus determinados valores, y esto conduce a un cambio vital, de filosofía de vida”, agrega.

Para muestra, un botón. “Ahora veo más que antes lo que es importante en la vida”, dijo la piloto de Fórmula 1, Maria de Villota, días después de perder el ojo derecho a causa de un accidente con su monoplaza.

Identificada como una patología

En el siglo pasado, a las personas resilientes, por desconocimiento, se les había llegado a tachar de enfermizas. “Antes, cuando no había ni siquiera términos, y por supuesto menos aún teorías sobre aspectos positivos relacionados con las fortalezas humanas, se interpretaban estas realidades con las teorías que habían. Y sólo había teorías para lo negativo”, recuerda Hervás.

En consecuencia, al final se acababa identificando un rasgo positivo como algo patológico: que si estaban reprimiendo, que si estaban encapsulando la vivencia traumática y no la estaban expresando… cuando, en realidad, eran personas resilientes al 100% que estaban sumergidas en un proceso totalmente sano.

Cabe remarcar que una persona puede tener experiencias de dolor sin que, necesariamente, tenga que vivirlas en el plano más social. “En paralelo, incluso, puede mantener una actitud bastante positiva, sin perder la capacidad de disfrutar”, esgrime Hervás.

La fe, ¿generadora de personas resilientes?

Se ha observado que la espiritualidad y la religiosidad pueden ayudar a algunas personas a ser más resilientes. Y lo pueden hacer por la vía de dar sentido a determinadas experiencias adversas y, también, por el apoyo social que pueden recibir las personas que pasan por un trauma vital (al contar con un entorno que puede favorecer la expresión de las emociones).

“Pero es muy importante la flexibilidad”, recuerda Hervás. “Las creencias demasiado rígidas, sean de tipo religioso o de otro, están asociadas a una peor recuperación tras la adversidad”, añade.

Sacar partido a la adversidad

Al final, todo se reduce a intentar sacar la parte positiva de una situación extrema vivida, algo nada fácil. Y es que hay que ser consciente de que la adversidad está presente en nuestras vidas y antes o después vamos a encontrarnos (en mayor o menor medida) con ella. “Hay que intentar aprovechar las oportunidades que te pueda dar la adversidad. En frío, todo el mundo preferiría obviarla, pero una vez estás sumergido en una situación difícil hay que intentar, en la medida de lo posible, tratar de sacar algo bueno de ella”, remata Hervás.
¿Quieres saber si eres reliente? Te dejamos este test para que te evalues

viernes, 31 de enero de 2014

Como afectan las emociones a la salud

Las emociones, mejor dicho, la gestión de las mismas pueden llevarnos a enfermar, si quieres saber qué emoción afecta a qué órgano te dejo este árticulo de medicina china para que lo hojees, pero antes, vamos a relajarnos, fundamental para estar sano. RELAJACION GUIADA

Medicina China – EMOCIONES Y SALUD —



En la Medicina Tradicional China (MTC), las emociones y la salud física están íntimamente conectados.

La tristeza, la tensión nerviosa y la ira, la preocupación, el miedo y el exceso de trabajo están cada uno asociado con un determinado órgano del cuerpo.


Las emociones tienen un gran poder dentro de nosotros que debemos conocer, pues poseen el poder de darnos la salud o de, por el contrario quitárnosla.








Según la Medicina Tradicional China, de una antigüedad constatada de cinco mil años, cada emoción básica se halla unida a un órgano.

– La cólera al hígado y vesícula biliar.

Ira

Es la emoción del hígado, Puede adoptar varias formas modificadas entre ellas, La irritabilidad, la frustración, la envidia y la rabia. La rabia hace subir el shi y con él la bilis. Un sabor amargo en la boca, ojos enrojecidos o amarillentos, rubor en la cara y el cuello, vértigo y especialmente dolores de cabeza son los signos del shi hepático (rebelde).

Si se reprime la dinámica (YANG) de la ira se convierte en estado (YIN) de depresión, lo cual causa el estancamiento del shi renal, Dolores y sensación opresiva, rigidez e hinchazones. Cualquiera de estas formas de la emoción de los riñones puede perturbar el estomago y el bazo, Su energía madera se expande y luego invaden los órganos de la tierra causando nauseas, acidez o diarrea.


– La alegría al corazón e intestino delgado.

Alegría

Es la emoción del corazón, Serena la mente y relaja el shi. El embajador del corazón, el pericardio, aporta alegría y felicidad al corazón, Mediando y regulando las relaciones personales.

Se dice que una estimulación excesiva de los sentidos o una excesiva permisividad apasionada de la excitación y el placer distraen y molestan a la mente y perturban el corazón, causando la inflamación de su fuego. Demasiada exuberancia sugiere un corazón desequilibrado.


– La reflexión al estómago y bazo-páncreas.

Exceso de pensamiento

Esta emoción es similar a la precaución, pero se refleja específicamente en nuestra capacidad para el trabajo mental. El bazo puede verse afectado por el exceso de pensar empeorándolo por la falta de ejercicio y las comidas irregulares.

Un bazo débil puede manifestarse en la obsesión por el orden y el detalle; hacer listas interminables, contar las calorías o convertirse en un maníaco de la pantalla del ordenador.

Precaución

Surge de la inseguridad y tiende a depauperarse el bazo, que pertenece al elemento tierra que a su vez implica sostén, nutrición y primera crianza.

La precaución anula al shi de los pulmones, oprimiendo el pecho y los hombros y cortando la respiración podemos quedar inmovilizados por la precaución. Los pulmones y el bazo son fuentes del verdadero shi del cuerpo por tanto la precaución empobrece por lo general el shi.


– La tristeza al pulmón e intestino grueso.

Tristeza o pesar

Se origina en la decepción o con mas gravedad, en la separación o la perdida, Se dice que disuelve el shi y afecta principalmente a los pulmones. Expresada en su sonido como "llanto".

La tristeza se siente en el corazón y afecta a todo el pecho produce pesadez, falta de aliento, cansancio y depresión. Necesitamos tiempo para expresar nuestra tristeza; los ritos establecidos nos ayudan a afrontar mejor esas situaciones.

– El miedo al riñón y vejiga.

Miedo

El miedo se asocia con los riñones, hace disminuir el shi y afecta la boca del estomago. En los niños se manifiesta en los miedos nocturnos y en mojar la cama. Los adultos con deficiencia renales y constituciones débiles; pueden ser propensos a miedos irracionales a o la ansiedad, insomnio, sudor espontáneo y sequedad bucal.

El miedo no aceptado se transfiere a veces a un poderoso impulso por acometer ocupaciones o pasatiempos arriesgados, que justifican el enfrentamiento con el miedo, pero si no se reconoce, la raíz del miedo él (YANG) de los riñones puede empobrecer él (YIN)causando problemas de fuego emergentes en hígados y corazón.

Todos los órganos citados tienen unos canales dentro del cuerpo, a modo de autopistas o carreteras, por las que circula la energía, cuando nosotros nos estancamos en una o varias emociones, se produce el atasco de la energía, que con el paso del tiempo, dará lugar a la enfermedad dentro de ese órgano. Las emociones que nos dañan, por ser alimentadas, pueden ser variadas y dañar varios órganos al mismo tiempo.

Terror

Esta se parece al miedo pero es mas extremada es idéntica al choque, Asociado con el trauma físico o emotivo, Suspende o disminuye el shi y afecta los riñones, estos almacenan shi para la defensa y pueden verse exhaustos repentinamente. El choque se caracteriza por la perdida de memoria, desorientación, palpitación, vértigo, temblores, sudoración y desmayos un choque no resuelto paraliza la energía, Lo cual es causa de depauperación.



No es que las emociones citadas en sí sean negativas, lo que sí lo es, es el quedarse anclado en esa emoción durante tiempo y tiempo (aunque sea a nivel subconsciente), por ejemplo el miedo a quedarse sin trabajo, a no tener casa, a quedarse sin pareja, va dañando nuestros riñones y será muy fácil tener infecciones renales o cálculos o lumbago, etc.

Es interesante e importante recordar que un problema de un órgano favorece la aparición de emociones exageradas o desproporcionadas.

Los más afectados suelen ser el corazón, el hígado y el bazo.

El corazón es el rey de todos los órganos y además controla la mente, por tanto cuando un órgano se halla desmandado en su función, termina dañando al corazón, producirá palpitaciones, pesadillas, insomnio, alteraciones mentales, manías, etc.

El hígado alterado produce depresión, mal genio, suspiros, tumores de mamas, ovarios o útero, dolor en los flancos, etc.

El bazo se manifestará con anorexia o por el contrario, exceso de apetito, vientre abultado, etc.

Nosotros somos los arquitectos de nuestra salud, es necesario trabajar sobre las emociones y la mente para recuperar la salud perdida.